No paramos a pensar las consecuencias. Y las estamos pagando con creces. Tú, estás muerta, asi que en teoría las estoy pagando yo sólo. Ya sabes, mi melancolía ha llegado al punto más álgido de todos. Paseo por las calles de Bilbao en junio mientras un chaparrón cae y me mojo la gabardina que me compraste porque me empeñé en parecerme a un detective de la uno. Ahora te mando una carta tras otra a ningún lugar con la esperanza de que, si existe el más allá, las leas de alguna manera.
No entiendo por qué nos casamos. ¿Tú lo entendiste alguna vez? Fue algo idiota, sin sentido. Tú me querías más que nunca. Yo a ti no. Te quería, claro que sí. Como no quererte. Pero no como antes. No como ahora. Fue una época extraña. Algo me dijo que te pidiera matrimonio en aquel coche de mierda despues de haber follado y en Salas. ¡En Salas! ¿Te imaginas un sitio más cutre?
Y me dijiste que sí. Pero tú, zorra, tú ya sabías que pasaba algo. Debió ser nuestra peor época, la de después del matrimonio. No hacíamos más que discutir y quejarnos por todo. Ni los viajes ni el sexo nos complacía. Ahora recuerdo mis rabietas y me enfado conmigo mismo al pensar en lo mal que hice las cosas. Luego vino el cancer, y tus vomitinas en la cocina, noche tras noche. Cuando se te cayó el pelo y me pedías que te dejara, que no querias que te viera así.
En realidad fue cuando más útil me sentía. Eras preciosa. Te marchitabas poco a poco, como nosotros, y yo no podía hacer nada. Lucía me decía que me fuera, pero no podía. Mi honor, o yo que sé qué, me lo impedía. Y luego, sin más, como apareciste, como un espejismo una noche de verano, te fuiste.
Un día, ya no estabas a mi lado en la cama. Ni te levantabas para ir a trabajar. Y madrid, con lo inmensa que es, se me hizo tan pequeña como un grano de arena. Y cada lugar por el que andaba era un beso perdido contigo, o un sitio de discusión. Por eso he venido aquí.
Me gusta Bilbao, es lluvioso. Y bonito, y grande. Lo suficiente como para perderse. Y me inspira. Estoy escribiendo, ¿sabes? Es nuestra historia, como nos conocimos aquella noche en los baños de aquel pub de mierda. Y como nos amamos hasta que moriste. Has sido la mujer de mi vida. Y ahora estás muerta y mi vida está vacía. ¿Dónde coño estás?