sábado, 28 de septiembre de 2013

No solamente soñaba


Sonaba Mahler en el tocadiscos, hasta que se paró, me levanté y le di a la manivela otra vez. Es curioso, para ver cine, adoro una televisión moderna, pero para la música siempre he preferido ese artefacto, más curioso es aún, que suene Mahler y yo piense en gloomy sunday con la maravillosa Billie Holiday aconsejándome descorchar otra botella y frente al espejo, brindar conmigo mismo, o por lo menos intentarlo. Me puse a pensar en "y si..." si ganara la lotería, podría comprarme un yate, o quizá una buena botella de oporto, lo veo más práctico, ustedes que creen? No me respondan, su opinión me importa una condenada mierda. Mi mente se detuvo en que correteaban todo tipo de criaturas por el piso, pero me detuve en las cucarachas y rápidamente me rasqué los brazos con urticaria.

Repasé la lista de la compra, aunque siempre se me olvida en casa cuando voy a ir comprar. Huevos, arroz, pasta y algo de mantequilla, al final ocurriría lo que ocurre siempre, pensaría en que hay una buena oferta de vino y dejaría de lado el comer, el comer es para nuevos ricos y para mujeres embarazadas. Miré el reloj cuco de la pared, marcaba las 2:37 de la mañana, aunque tampoco estoy muy seguro, porque nunca le había dado cuerda, dar cuerda a algo me parece tedioso y absurdo. Mientras tanto, gloomy sunday empezaba a llegar a su fin, junto con la manivela, junto con mi trago, junto con mi vida. Pensé una última vez en las verdes formas de aquél vidrio que me sugería el fin de la ominosa existencia del ser, me asusté, tragué saliva y la botella se rompió en 91 pedazos impregnados de rojo y de negro. Mientras tanto las cucarachas se pusieron de pie.....

lunes, 23 de septiembre de 2013

Bueno, el otro día, veréis....... fue un gran día. No tenía mucha resaca (o quizá demasiada) y tenía que ir nosedónde, a buscar noseelqué y salí a la calle asumiendo el hecho de que iba a ver a gente, y me estremecí del mismo modo que cuando te sacudes las 7 últimas gotas, pues ese día, no vi a nadie, por un momento pensé que estaban muertos, me alegré enormemente y me puse a hacer planes... lo primero que me vino a la mente, fue que conocí a una sandía que me propuso darnos un rebolcón, resultaron ser 17 y yo me quedé con ganas de comerme alguna pepita; de todas formas es un desasosiego, sigo en la parada del tranvía viendo como no pasa la gente y me relajo y pienso en esa sandía, aunque yo esperara que fuera un limón o algo que cuando te lo exprimieras encima te corroyera... De repente me entró un pinchazo en el cuello y recordé que tenía al hígado en el banquillo y nada que llevarme a la boca, el mundo había muerto y las tiendas estarían cerradas, la historia de siempre, para colmo de males mis intestinos se removieron y me preguntaron que porqué tuve que comerme esa última cucharada del plato de alubias mejicanas, les respondí con un puñetazo y un fragmento de aristóteles, creo que había conseguido engañarles.

Por fin, llegó el condenado tranvía, y llegué a la conclusión de que no podía quedarme a solas con mis intestinos, así que agradecí a la vieja maleducada que se puso al lado mío y al fétido hedor que regía en aquél lugar. Se me acercó un coco que me pedía limosna y una calabaza que quería parte de mi pene para ayudarla a llegar a nosedónde, le dije que no tenía dinero, ni tampoco tabaco. Bajé del tranvía y me deprimí, pensé en la canción del pirata, la tararee y olvidé a dónde tenía que ir. El tranvía se fue y me replantee subir de nuevo ir con la calabaza.

domingo, 15 de septiembre de 2013


Tic tac.

Tic tac.

La habitación de siempre, el olor de siempre.

Tic tac.

Tic tac.

El reloj sigue su camino.

Corre en mi contra.

Poniendo todo más difícil.

Tic tac.

Tic tac.

Joder.

Debería hacer algo, y no se el qué.

Debería hacer algo, tomar la decisión de salir de esta vida, debería dejarnos vivir a los dos.

Joder.

Tic tac.

Tic tac.

No quiero que no sea la habitación de siempre. No quiero que no sea el olor de siempre.

Quiero la habitación de siempre. Quiero el olor de siempre.

Quiero poder decir.

Tic tac.

Te quiero.

Sin preguntar.

Tic tac.

No quiero hacer nada, porque no soy yo quién toma siempre las decisiones. 

No quiero que nada cambie, porque un cambio significa que yo pierdo.

Que nadie gana,  porque ya han ganado.

Tic tac.

El reloj corre en mi contra, pero eso ya lo se.

Es lo jodido.

Que ya lo se.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Todo en este mundo tiene derecho a trascender

NOTA: el autor de "esto", está haciendo jugando, con este personaje, en este mismo momento,y es posible que TÚ, también lo estés haciendo 


Estuve viajando unas 6,7,8,9,10 horas, y fijaos, que ya pensé, que me había perdido y que ya podía dar por finalizada la búsqueda de mi vida, el fin de mi existencia, si no acababa ese viaje, no iba a morir, que desesperanza. Sentí un agobio, me pregunté si el tiempo se había detenido, pero eso no tenía ningún sentido, porque veía como lentamente me desplazaba por aquél sitio tan angosto, si tuviera claustrofobia hubiera tenido un gran problema.

¿os imagináis a alguien como yo con claustrofobia? jajajaja sería totalmente ridículo.


En mi educación, cuando apenas era del tamaño de una cucaracha, me dijeron que pasaría mucho tiempo a lo largo de mi vida sólo y que tendría que aprender a vivir con ello. Bueno, una cosa es en teoría y luego otra muy diferente NUNCA haber tenido contacto con nada ni nadie, nunca había visto a nadie de mi especie, ni si quiera los que me educaron lo eran.

Me quedé dormido, me sentí como en aquella película del espacio dónde había un bebe que se movía lenta, pero constantemente por todo el espacio, es más, de hecho pensé que me encontraba en el espacio, la sensación entre la claustrofobia y la agorafobia debe de ser exactamente la misma............DE-RE-PEN-TE noté una enorme sacudida, y dije, "por fin, por fin, ya llega", estaba lleno de alegría, me habían preparado toda mi vida para esto, y ahora sabía que era MI momento (NO EL DE USTEDES), mi momento de gloria, de fama, de respeto, de trascendencia, de locura, de regocijo, me hubiera frotado las manos si hubiera tenido, así de repente VÍ la LUZ delante de mí, VÍ a DIOS...y como dicen siempre, tan pronto te dan algo, tan pronto te lo quitan. Y la salida, mi fin, mi momento, mi muerte, desapareció y se tapó.

Pero entendí que alguien estaba haciendo trampas, y no estaba permitiendo el libre albedrío, porque volví a ver la luz, y volví a ver como se tapaba, estaban jugando conmigo, hasta que...finalmente se decidió y se abrió de par en par la salida, y yo estaba a escaso centímetros de ella, y vi el cielo, OH SI, amigos, lo vi, allí me estaba esperando todo él, blanco, puro, esperándome con la boca abierta, me precipité por el agujero y caí, con un CHOF, tan seco amigos míos, que cualquier otra mierda en este mundo se paró a escuchar.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Con sabor a channel

Después de intentar escribir algo durante 70 años, se despertó a las 8 de la mañana, un domingo lluvioso, de esos días que hay que aprovechar completamente; y sabes que lo que debes hacer es abrir una botella y sacarle un buen partido, paladeando el sabor a bilis de ayer, junto con el licor de ahora. Estuvo mirando las gotas del cristal, mientras pensaba en aquella primera vez, en la conoció el amor verdadero, algo que jamás se separaría de él, y que nunca lo abandonaría. Se sirvió del recipiente 2 o 3 años menos de vida. Se ensimismó con las formas del humo del tabaco y pensó en lo asqueroso que sería mascarlo.

ESE olor, estaba por toda la habitación, un olor degradante, que te recuerda cada uno de tus fracasos en tu absurda existencia, nació para fracasar, ESE olor fue el que estuvo distrayéndole durante su siesta de 5 horas, soñó con perfumes, con  Patrick Süskind, y con la vecina de abajo que siempre huelen a vainilla sus pechos, rezumando inocencia e inseguridad. Pero en realidad, no era ningún buen olor, mas bien HEDÍA, era insoportable, y le perturbó totalmente su descanso. Se despertó con ESTE dolor de cabeza. Y rápidamente, su olfato hábil, le dijo, aquí hiede. Un olor a colonia de supermercado, a llegar tarde a la decimonovena entrevista de trabajo con ese traje desgastado y esos zapatos con escasas suelas llenos de chicles con el pelo repeinado de haberse pasado la noche anterior, a esa colonia que te ponía tu madre de pequeño cuando salías de bañarte, a todos esos miedos que nos persiguen por el día y nos esperan tras el alféizar de la ventana. Buscó desesperadamente el origen de ESE olor tan repugnante, tiró al suelo todo lo que encontró, y puso en la cama todo lo del suelo. NADA, esa fue la respuesta que recibió, hasta que entonces, se paró a pensar si lo estaba imaginando, pero desechó la idea cuando salió de la habitación y se preparó un café; entonces él sabía que la habitación estaba infestada de algo, sin respuesta, fue a por un trago que calmara su sensatez, y entonces, el olor se hizo más fuerte, y se acordó dónde había comprado la botella, un lugar deprimente (como todos), pero este además gozaba de numerosas cucarachas, que sonreían, la marca, totalmente desconocida.  

sábado, 7 de septiembre de 2013

Cartas de invierno

Querida Karen,

Si estás leyendo esto, significa que he encontrado el valor para mandártelo. ¡Bravo por mi!
No me conoces muy bien pero, si me lo permites, tengo tendencia a repetir una y otra vez lo duro que me resulta escribir, pero… esto es lo más difícil que he tenido que escribir nunca.

No hay manera fácil de decir esto, así que simplemente lo diré. He conocido a alguien. Fue una casualidad, yo no lo estaba buscando. No lo planeé. Fue la tormenta perfecta. Ella dijo una cosa, yo dije otra... La siguiente cosa que supe es que quería pasar el resto de mi vida en medio de esa conversación.

Ahora tengo la sensación en mis entrañas de que puede ser ella. Está completamente loca… de una forma que me hace sonreír, extremadamente neurótica, y exige un cuidado intensivo.
Ella eres tú, Karen. Esas son las buenas noticias.

La mala es que no sé como estar contigo ahora. Me acojona, porque si no estoy contigo inmediatamente, tengo la sensación de que nos perderemos ahí fuera.
Este es un mundo grande y malo, lleno de curvas y recovecos, y basta con que parpadear para que desaparezca el momento. El momento que pudo cambiarlo todo.

No sé lo que hay entre nosotros, y no puedo decirte por qué deberías saltar al vacío por alguien como yo, pero hueles tan bien... como el hogar… y haces un café excelente… eso también es importante, ¿verdad?
Llámame.
Infielmente tuyo,
Hank Moody

lunes, 2 de septiembre de 2013

De no saber cosas.

Lo único que tengo claro es que no se nada. No se por qué pasó. No se cuando acabará. No se cómo sentirme, si feliz por tenerte o triste por no tenerte. No se cuando acabará.

Tengo que cuidar las palabras, y perdido en esos ojos verdes me planteo mis dos verdaderas opciones, mientras acaricio tus piernas y tu boca muerde mi cuello. Las dos opciones son claras y sonrío a tu mirada.

Una opción, la cual es la que probablemente no haga, es intentar aclarar algo, y querer dejar de estar confuso. Pero siempre que me la imagino, me entra un terrible miedo, y muchas ganas de llorar, y de romper todas las tiendas de pinturas del mundo, y nos imagino hablando, y siempre te imagino huyendo de mi, y no volviéndote a ver nunca, y aunque quizás fuera lo mejor para ti, no puedo imaginarme (aún) de nuevo metiéndome en el mar en el que me metería después, un mar un poquito salado y con un poquito sabor a whisky y otro poquito sabor a vodka, y no puedo imaginarme intentando salir cuando note que el mar me ahoga, y lo que me imagino es ahogándome sin remedio.

La otra opción, que es la que voy a tomar, es seguir igual de confuso que ahora, seguir igual de perdido e igual de triste, e igual de feliz por tenerte a ratitos, con toda la incertidumbre del mundo, y aguantar hasta que tú decidas que es suficiente regalarme tus miradas.

Y sobre todo, que me sigas dejando regalarte flores amarillas.