Sonaba Mahler en el tocadiscos, hasta que se paró, me levanté y le di a la manivela otra vez. Es curioso, para ver cine, adoro una televisión moderna, pero para la música siempre he preferido ese artefacto, más curioso es aún, que suene Mahler y yo piense en gloomy sunday con la maravillosa Billie Holiday aconsejándome descorchar otra botella y frente al espejo, brindar conmigo mismo, o por lo menos intentarlo. Me puse a pensar en "y si..." si ganara la lotería, podría comprarme un yate, o quizá una buena botella de oporto, lo veo más práctico, ustedes que creen? No me respondan, su opinión me importa una condenada mierda. Mi mente se detuvo en que correteaban todo tipo de criaturas por el piso, pero me detuve en las cucarachas y rápidamente me rasqué los brazos con urticaria.
Repasé la lista de la compra, aunque siempre se me olvida en casa cuando voy a ir comprar. Huevos, arroz, pasta y algo de mantequilla, al final ocurriría lo que ocurre siempre, pensaría en que hay una buena oferta de vino y dejaría de lado el comer, el comer es para nuevos ricos y para mujeres embarazadas. Miré el reloj cuco de la pared, marcaba las 2:37 de la mañana, aunque tampoco estoy muy seguro, porque nunca le había dado cuerda, dar cuerda a algo me parece tedioso y absurdo. Mientras tanto, gloomy sunday empezaba a llegar a su fin, junto con la manivela, junto con mi trago, junto con mi vida. Pensé una última vez en las verdes formas de aquél vidrio que me sugería el fin de la ominosa existencia del ser, me asusté, tragué saliva y la botella se rompió en 91 pedazos impregnados de rojo y de negro. Mientras tanto las cucarachas se pusieron de pie.....
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