lunes, 31 de enero de 2011

Boda de perlas

a luz

C'est quand même beau de rajeunir.
RONY LESCOUFLAIR



Después de todo qué complicado es el amor breve
y en cambio qué sencillo el largo amor
digamos que éste no precisa barricadas
contra el tiempo ni contra el destiempo
ni se enreda en fervores a plazo fijo

el amor breve aún en aquellos tramos
en que ignora su proverbial urgencia
siempre guarda o esconde o disimula
semiadioses que anuncian la invasión del olvido
en cambio el largo amor no tiene cismas
ni soluciones de continuidad
más bien continuidad de soluciones

esto viene ligado a una historia la nuestra
quiero decir de mi mujer y mía
historia que hizo escala en treinta marzos
que a esta altura son como treinta puentes
como treinta provincias de la misma memoria
porque cada época de un largo amor
cada capítulo de una consecuente pareja
es una región con sus propios árboles y ecos
sus propios descampados sus tibias contraseñas

he aquí que mi mujer y yo somos lo que se llama
una pareja corriente y por tanto despareja
treinta años incluidos los ocho bisiestos
de vida en común y en extraordinario

alguien me informa que son bodas de perlas
y acaso lo sean ya que perla es secreto
y es brillo llanto fiesta hondura
y otras alegorías que aquí vienen de perlas

cuando la conocí
tenía apenas doce años y negras trenzas
y un perro atorrante
que a todos nos servía de felpudo
yo tenía catorce y ni siquiera perro
calculé mentalmente futuro y arrecifes
y supe que me estaba destinada
mejor dicho que yo era el destinado
todavía no se cuál es la diferencia

así y todo tardé seis años en decírselo
y ella un minuto y medio en aceptarlo


para colmo comí abundantísima lechuga
que nadie había desinfectado con carrel
en resumidas cuentas contraje el tifus
no exactamente el exantemático
pero igual de alarmante y podrido
me daban agua de apio y jugo de sandía
yo por las dudas me dejé la barba
e impresionaba mucho a las visitas

una tarde ella vino hasta mi casa
y tuvo un proceder no tradicional
casi diría prohibido y antihigiénico
que a mi me pareció conmovedor
besó mis labios tíficos y cuarteados
conquistándome entonces para siempre
ya que hasta ese momento no creía
que ella fuese tierna inconsciente y osada

de modo que no bien logré recuperar
los catorce kilos perdidos en la fiebre
me afeité la barba que no era de apóstol
sino de bichicome o de ciruja
me dediqué a ahorrar y junté dos mil mangos
cuando el dólar estaba me parece a uno ochenta

además decidimos nuestras vocaciones
quiero decir vocaciones rentables
ella se hizo aduanera y yo taquígrafo

íbamos a casarnos por la iglesia
y no tanto por dios padre y mayúsculo
como por el minúsculo jesús entre ladrones
con quien siempre me sentí solidario
pero el cura además de católico apostólico
era también romano y algo tronco
de ahí que exigiera no sé qué boleta
de bautismo o tal vez de nacimiento

si de algo estoy seguro es que he nacido
por lo tanto nos mudamos a otra iglesia
donde un simpático pastor luterano
que no jodía con los documentos
sucintamente nos casó y nosotros
dijimos sí como dándonos ánimo
y en la foto salimos espantosos

nuestra luna y su miel se llevaron a cabo
con una praxis semejante a la de hoy
ya que la humanidad ha innovado poco
en este punto realmente cardinal

nosotros dos nos fuimos a colonia suiza
ajenos al destino que se incubaba
ella con un chaleco verde que siempre me gustó
y yo con tres camisas blancas

en fin después hubo que trabajar
y trabajamos treinta años
al principio éramos jóvenes pero no lo sabíamos
cuando nos dimos cuenta ya no éramos jóvenes
si ahora todo parece tan remoto será
porque allí una familia era algo importante
y hoy es de una importancia reventada


ahora nuestro amor tiene como el de todos
inevitables zonas de tristeza y presagios
paréntesis de miedo incorregibles lejanías
culpas que quisiéramos inventar de una vez
para liquidarlas definitivamente

la conocida sombra de nuestros cuerpos
ya no acaba en nosotros
sigue por cualquier suelo cualquier orilla
hasta alcanzar lo real escandaloso
y lamer con lealtad los restos de silencio
que también integran nuestro largo amor


estábamos estamos estaremos juntos
a pedazos a ratos a párpados a sueños
soledad norte más soledad sur
para tomarle una mano nada más
ese primario gesto de la pareja
debí extender mi brazo por encima
de un continente intrincado y vastísimo
y es difícil no sólo porque mi brazo es corto
siempre tienen que ajustarme las mangas
sino porque debo pasar estirándome
sobre las torres de petróleo en maracaibo
los inocentes cocodrilos del amazonas
los tiras orientales de livramento

es cierto que treinta años de oleaje
nos dan un inconfundible aire salitroso
y gracias a él nos reconocemos
por encima de acechanzas y destrucciones

la vida íntima de dos
esa historia mundial en livre de poche
es tal vez un cantar de los cantares
más el eclesiastés y sin apocalipsis
una extraña geografía con torrentes
ensenadas praderas y calmas chichas

no podemos quejarnos
en treinta años la vida
nos ha llevado recio y traído suave
nos ha tenido tan pero tan ocupados
que siempre nos deja algo para descubrirnos
a veces nos separa y nos necesitamos
cuando uno necesita se siente vivo
entonces nos acerca y nos necesitamos

es bueno tener a mi mujer aquí
aunque estemos silenciosos y sin mirarnos
ella leyendo su séptimo círculo
y adivinando siempre quién es el asesino
yo escuchando noticias de onda corta
con el auricular para no molestarla
y sabiendo también quién es el asesino

la vida de pareja en treinta años
es una colección inimitable
de tangos diccionarios angustias mejorías
aeropuertos camas recompensas condenas
pero siempre hay un llanto finísimo
casi un hilo que nos atraviesa
y va enhebrando una estación con otra
borda aplazamientos y triunfos
le cose los botones al desorden
y hasta recomienda melancolías

siempre hay un finísimo llanto un placer
que a veces ni siquiera tiene lágrimas
y es la parábola de esta historia mixta
la vida a cuatro manos el desvelo
o la alegría en que nos apoyamos
cada vez más seguros casi como
dos equilibristas sobre su alambre
de otro modo no habríamos llegado a saber
qué significa el brindis que ahora sigue
y que lógicamente no vamos a hacer público

23 de marzo 197

martes, 25 de enero de 2011

Esto es un intento con acabar con el mal humor de alguien:

25-01-2011 01:36

Bueno, día complicado. Será porque es martes. A veces me asusto al pensar y darme cuenta de lo lejos que está Courtney en el espacio e incluso en el tiempo. ¿Cuántos segundos tardarán mis pensamientos en llegar hasta ese rincón de su corazón para hacerle unas pequeñas cosquillas como las abejas que le mandaba en verano? Ojalá siga sintiendo lo mismo, porque, por más que lo repita... Pero seguro que sí. Hemos prometido luchar. Y tener una vida juntos. A fin de cuentas, ella es la única con la que he visto un futuro tan prometedor. Maldita sea, tendremos un perro. Lanas me comerá los periodicos y me traerá las zapatillas. Y Courtney y yo haremos el amor todas las noches hasta que no tengamos noción del tiempo que pasa. Quiero ser viejo a su lado. No quieroo verla llorar y que esté lejos. Va, solo quedan dos días.


25-01.2011 03:25

No puedo dormir, tampoco importa mucho, mañana no tengo demasiado que estudiar.

***
Cuando se despertó, no recordaba nada de la noche anterior. Demasiadas sputniks. A su lado dormía una chica de la que no recordaba el nombre. "Al menos he pillado" pensó. Fue al baño y mientras meaba se sonrió en el espejo al ver su cara demacrada y sus chupetones en el cuello. Iba a tocar semana de cachondeo en el trabajo.

sábado, 22 de enero de 2011

Preguntas sin respuesta en un cuúmulo de desesperaciones y soledades

Cuando el tiempo quiere pasar despacio, pasa despacio. Cada segundo parece una eternidad en la que una gota de agua nunca llega al suelo para desaparecer por fin.
Joaquín se sienta en un sillón con un albornoz azul sentado esperando a que llames. Rezando por que des una señal. El flequillo se le curva en un curioso rizo justo encima del entrecejo, algo fruncido. Se levanta, se sienta y vuelve a sentarse. Se asoma a la ventana. Siente frío, quizás por el viento, quizás por el miedo. ¿Miedo? Sabes de qué.
No hay mucha gente en la calle. De hecho, está semi-vacía. Aunque también es verdad que apenas se ve demasiado. La niebla cubre una gran parte de la acera de enfrente y la acera de abajo nunca la ve entera porque la cornisa del último piso se lo impide. El móvil sigue en su mano. Lo mira y ni vibra, ni suena, ni hay avisos en la pantalla. Son las 11 y media de la noche. Una de esas noches que le encantan. Sin estrellas, pero con niebla. Un impulso le hace salir a buscarte, pero entonces recuerda lo lejos que estás, y vuelve a sentarse en el sofá, a mirar las paredes azules de este cuarto monótono. En el ordenador mil avisos que nunca se parecen al que se oye cuando eres tú, suenan. La desesperanza cada vez es mayor. Deja de torturar al chaval.
En la calle se oyen cuatro risas de los vagabundos que se juntan en el portal de enfrente a combatir el frío con vinacho. Y ríen. No tienen casa, no tienen familia, no tienen dinero ni una cama donde dormir. Pero ríen. Joaquín tiene todo, menos lo que más quiere. Estás tan lejos… Cuando el teléfono suena y se ve la foto de tu pirsin de estrellas en la pantalla, un vuelco siente en algún lugar entre su cabeza y las rodillas, no sabría decirte. Y, maldita seas, cuando contesta con una sonrisa y los ojos brillantes, le pides perdón y le dices que te has equivocado. Y te pregunta que tal, que si por fin quedaréis para tomar ese café que le prometiste anoche cuando le decías que tal vez algún día podríais volver a veros sin sentir dolor. Y le cuelgas sin contestar, dejándolo sumido en la mas completa miseria y sin ganas de levantar la cabeza que le cuelga sobre el pecho. Tira el móvil por la ventana. Se ríe de los vagabundos. No es posible que hayas olvidado lo que los dos podíais hacer.

sábado, 15 de enero de 2011

¿Y si fuera hoy?

¿Y si, quizás, fuera hoy el día? ¿Qué día, preguntas? Uhm. Pensemos. Quizás sea hoy el día del primer "te quiero", quizás el del primer beso, el primer sexo. El día de que me abandones o el día en el que aumente tu amor por mi. Quizás sea el día en el que no pase nada, en el que descubras una nueva película favorita, o en el que descubras que adoras la pimienta. Quizás hoy puedas hablar con tu futura mejor amiga, o te tropieces, por casualidad, con la jefa que dentro de siete años te amargará la existencia. Quizás hoy me llames y me digas por enesima vez esta semana que te quiero. Quizás sigas arrancándome la misma sonrisa que la primera vez. E incluso un asomo de los mismos nervios. Quizás quieras darme un beso y no me alcances los labios. Quizás mis sonrisas no fueran suficientes esta noche como para mantenerme atada a mi un día más. Ojala hubiera una forma de saber que lo que deseo que sientas por mi es real. Porque por más que me lo digas, me cuesta tanto creer que por fin he encontrado a Ariadna... Quizás me pasé buscando durante mi vida a alguien que aún no existía. No me di cuenta de que no creé a Ariadna literariamente hablando (si es que a estas cosas se le puede llamar literatura), si no que la crearé tambien en vida.
Ohm, mi cabeza dice cosas que mi torpe corazón aun no entiendo. Es por ti que salgo a buscarte por calles oscenses llenas de señoras con abrigos de animales muertos y no sepa encontrarte. Porque te necesito tanto a mi lado como te necesito a tí. Por eso aun puedo vivir con una pequeña luz al final del eterno tunel de días que aún faltan para verte. Un enorme beso, pequeña.

jueves, 13 de enero de 2011

Por ti

Ven. Sí. Acércate. Es que justo ahí no te veo bien.

Suspiros entre comillas.

Ahora, sí. Perfecto.
Imposible.
Cada vez que estamos a menos de 5 centímetros, boca a boca, me pasa igual. Te siento. Te huelo. Siento cosquillas. También me asusto.
Y me apetece recorrer con mi dedo índice todos los puntos nerviosos de tu cuerpo, hasta que tengas escalofríos. Y me digas al oído que pare. Y yo paro. Aunque me guste darte un último repaso hasta el agotamiento, y agotarte a medianoche, todo; los ejemplos, los sueños, las lágrimas y todas las expectativas que hayas podido tener alrededor de mi cuerpo. Porque nada es como parece y todo es como siempre me lo había imaginado.
Si no, tú no serías tú.
Quizá yo seguiría sola.
Y tus besos serían como una quimera peligrosa que a lo lejos, se vislumbraba como una realidad. Pero esa cortina de humo me impediría verte y no hubiésemos estudiado inglés. Ni leído poesías juntos. Ni habernos burlado del destino mientras estábamos desnudos.
Todo esto ondeaba a media asta, porque tú no estabas.
Y ahora, todo es extraño.
Tus labios rozan la comisura de mis labios y me estremezco.
Y todo, absolutamente todo, cambia de lugar en el mundo.
Y nos reímos, porque el mapa era el correcto.
Porque ha merecido la pena esperar.
Porque tienes eso tan especial que hace que tus palabras se hagan realidad. Sí, sí. También a largo plazo.
Porque sí. Porque te quiero. Por mi cielo. Por mi estrella. Por ti.

Futuro no tan lejano

Sus dos maletas descansaban apoyadas en el suelo de la estación mientras ella, envuelta en un pañuelo en la cabeza, esperaba al que tenía que ir a buscarla. La previsión de unas vacaciones inolvidables estaba a punto de ser cumplida. Él llegaba tarde, para variar un poco. Pero que más daba. Era él. Cuando llega por fin con su pelo medio despeinado, la mirada perdida, buscandola en otro lugar, por toda la estación excepto por donde está ella. Cuando por fin la ve, sonríe y va a buscarla. Intentando contenerse de no correr. Cuando por fin llega, se abrazan en un abrazo eterno que no terminará hasta 3 meses después, con otro abrazo de despedida.
Mientras caminan por las calles de la diminuta ciudad, observando de nuevo cada rincón donde se escondieron para meter manos donde no debían, sonríendo cada uno para sí, sabiendo lo que está pensando el otro, hablan de mil cosas triviales que no son nada comparadas con la noticia fundamental del momento. Por fin estás aqui, conmigo. El chico la besa cada dos por tres, y le dice te quiero. Ella sonríe y le contesta, mientras mira sus ojos cuando él esta de perfil y piensa que no la ve.
Poco a poco, llegan a su casa. Un pequeño hogar en medio de la calle donde tienen sus grandes momentos de felicidad y romanticismo.
Nada más llegar, hacen el amor como una pareja que no se ha visto desde hace ya un mes. Lo hacen una, dos tres veces. Ella gime mientras el suspira sobre ella y empuja fuertemente.
Después de hacer el amor, se quedan abrazados sobre el suelo de madera de la única habitación de su casa, y hablan de lo muchísimo que se han echado de menos y lo que se quieren.
Pasan las horas, hasta el momento de su partida. Él la coge de la mano y le besa los labios. Se levanta, le ayuda a levantarse, y se ponen en marcha hacia la casa de los padres de ella. El camino, vuelve a estar lleno de gestos que han echado de menos. Lametones en las mejillas, pellizcos en el culo y otras variedades de hacer la puñeta a la persona que quieres sin que se enfade demasiado. Cosas que echas de menos cuando no está junto a tí.
en el portal tardan una eternidad en despedirse. Cuando al final lo hacen. Siempre es con la promesa de un día siguiente.


Hasta pronto, querida Courtney.

domingo, 2 de enero de 2011

Desavenencias en el pasado imperfecto

La locura desatada que en aquella habitación había acontecido había dejado a los dos guerreros tumbados en la cama, desnudos en la semi-oscuridad. El pelo ondulado de ella se esparcía sobre la almohada mientras el miraba al techo negro con los ojos perdidos, disfrutando de la situación que alguna divinidad le regalaba. Ella se levantó, se puso la camiseta ancha y grande de él y le miro con los ojos brillantes en la oscuridad. Le besó los labios, le cerró los ojos. Le obligó a dormirse.
Cuando despertó, ella dormía a su lado. Por las ventanas ya dormía la luz de la luna y el sol impregnaba el nuevo día. Debían ser las 9. O las 10. Sin importancia. Se metió en la ducha y en el mejor momento, cuando el agua caliente recorre la espalda, provocando escalofríos de placer, ella apareció tras la mampara, desnuda, preciosa. Se metió con él en la ducha, y comenzó a besarle la boca. Volvieron a la cama. Follaron. Se amaron sin pausa, con ella, da igual.
El qué rompió el amor, no se sabe. Quizás fue la heroína. Las jeringuillas adormecían en la mesilla del cuarto y él tuvo la más rockera de las muertes. Su vómito inundó la garganta y su boca, y le dejó sin respiración el tiempo suficiente como para no volver a respirar jamás. Ella estaba en viaje.

El precioso ático estaba lleno de muerte y tristeza en el amanecer de esa mañana. Ni las lágrimas arrepentidas de ella pudieron hacerle volver a la vida.