viernes, 27 de enero de 2012

Tipología de un éxodo sentimental.

"Arde al atardecer
entera la ciudad.
No hay tiempo que perder
si queremos escapar."

Cierra los ojos, puta, e imagina.
La ciudad ardiendo y tú, inmune a las llamas y al calor, inmune al infierno que te rodea, paseando entre sus calles vacías.Te meces en un ligero vaivén, como una niña que agita su falda imitando el tintineo de una campana: "tilín... tilín...", y sonríes recordando historias perdidas en esquinas que ahora arden, y sonríes ante recuerdos de manos en lugares prohibidos, ante ojos desaprobatorios, y miradas ajenas de deseos que fulminaban una felicidad que, por aquel entonces, existía. Y sonríes.
Y yo, al final de la calle. Con mis vaqueros rotos y una camiseta negra que me va grande, y sudando como un puerco por el calor de las llamas. Y te grito, y te digo que vengas.

"Vuelve, que tengo, vida, las luces encendidas
para así comprender, para ver.
Vuelve, que me he encontrado un tesoro enterrado
que llevo a flor de piel, cuéntame…"

Pero se que es tarde y que esa sonrisa esconde odio. Y me arrodillo, con la esperanza de que las llamas me envuelvan y quede calcinado en una calzada en la que antes nos besamos.
Y quizás, mañana vuelvas a quererme.

lunes, 23 de enero de 2012

Oscuridad Morada

Y es que este negro ardor me está matando. Este negro y solitario vacío, lleno de nada, porque no tengo nada con que llenarlo. Porque la miserable opción de llenarlo con sentimientos se desvaneció cuando me los corté con una cuchilla mientras me afeitaba una mañana. Y eso que yo me afeito a máquinilla.
Y ahora en este absurdo cuarto de cuatro paredes sin puerta ni ventanas, que yo he montado desde dentro levantando unas paredes que estaban en el suelo, en mitad de la M-30, con un techo acristalado pero negramente opaco. Que no pasa más que una extraña luz que, el cristal tintado, vuelve absurdamente morada.
Y, sentado llorando, gritando desgarradoramente al mundo lo que echo de menos una oscuridad morada de verdad, no una así, tan artificialmente creada por mi, lanzo unos dados en los que no veo el resultado; está demasiado oscuro.
Sería tan sencillo romper estas paredes de cartón, tirarlas abajo entre sollozos y salir corriendo a buscar una oscuridadverde, o amarilla, o quizás con un par de mocos colgando. O quizá siete. O quizás uno.
Los mocos suficientes como para que vuelva a ser mi oscuridad morada.