"Arde al atardecer
entera la ciudad.
No hay tiempo que perder
si queremos escapar."
Cierra los ojos, puta, e imagina.
La ciudad ardiendo y tú, inmune a las llamas y al calor, inmune al infierno que te rodea, paseando entre sus calles vacías.Te meces en un ligero vaivén, como una niña que agita su falda imitando el tintineo de una campana: "tilín... tilín...", y sonríes recordando historias perdidas en esquinas que ahora arden, y sonríes ante recuerdos de manos en lugares prohibidos, ante ojos desaprobatorios, y miradas ajenas de deseos que fulminaban una felicidad que, por aquel entonces, existía. Y sonríes.
Y yo, al final de la calle. Con mis vaqueros rotos y una camiseta negra que me va grande, y sudando como un puerco por el calor de las llamas. Y te grito, y te digo que vengas.
"Vuelve, que tengo, vida, las luces encendidas
para así comprender, para ver.
Vuelve, que me he encontrado un tesoro enterrado
que llevo a flor de piel, cuéntame…"
Pero se que es tarde y que esa sonrisa esconde odio. Y me arrodillo, con la esperanza de que las llamas me envuelvan y quede calcinado en una calzada en la que antes nos besamos.
Y quizás, mañana vuelvas a quererme.