Llevaba esperando un buen rato, la copa estaba vacía y ya pensaba que no iba a venir, así que cogí una servilleta e intenté escribir una parte de mi pensamiento, por supuesto después de tres líneas mis intestinos me recordaron que existían para algo, así que le pregunté a la camarera dónde estaba el servicio, me miró con desprecio y me señaló que al fondo a la derecha, siempre es al fondo a la derecha, tenía un buen culo.
Mientras pensaba en su culo, pensé en el mío y en el hijo que gestaba. Después de una serie de estrepitosas pedorretas acabé y me fui a limpiar, la sorpresa, como no, era que no había ningún papel, sólo el teléfono en la puerta, de una tal Alice que decía que llamara si estaba masturbándome. Aparte de eso, hedor y soledad es lo único que me quedaba, nunca me ha gustado ir con el culo sucio, así que recordé lo que acaba de escribir en la servilleta, por suerte la había guardado en el bolsillo trasero del pantalón de manera instintiva. Lo leí 4 veces más, y llegué a la conclusión de que ése era el mejor destino de las 3 líneas, me limpié y antes de tirarlo, me fijé en que lo único que se había salvado era "sobrevivir", sonreí, me levanté y volví a la mesa.
En ese mismo momento, la chica acaba de sentarse, me había hecho esperar demasiado, así que pedí dos copas, me bebí una de golpe y la otra de dos sorbos, la chica no parecía cómoda con todo aquello, así que le pregunté que talla de sujetador usaba, le pareció divertido y me respondió con una mentira, aquello me gustó. Compramos algo de vino y nos fuimos a su piso, un piso de estudiantes. Follamos, follamos y follamos y me quedé dormido. Soñé con que me suicidaba, de repente, desperté azotado por una ráfaga de cierzo que me recorrió hasta la última neurona de mi cerebro. Me di cuenta de que todo había sido un sueño, que seguía en el mismo sitio, que me encontraba en la calle, que estaba entre cartones, muerto.
domingo, 6 de octubre de 2013
viernes, 4 de octubre de 2013
Marrón
Me sonaban las tripas y me reconcomía la tristeza. Presioné, una vez más, al cuerpo inerte que dirigía, respondió con un suspiro y una arcada; ya estaba preparado para otro trago de amabilidad y para un sorbito de amarga felicidad.
Entré dentro de aquél dichoso bar, realmente no quería entrar, era demasiado caro y yo sólo tenía sueños en el bolsillo. Pero el letrero de fuera prometía colores y algo de calor humano.
Dentro, encontré gente muerta bailando y a un barman, que al verme, supo que estaba en el lado erróneo de la barra, nos miramos, nos casamos durante 3 segundos y luego atendió a otro cliente. No recuerdo cómo lo pagué, el caso es que lo hice. Escupí dentro del bar y salí a fumar un cigarro; en realidad me echaron, me dijeron que no necesitaban "gente" como yo allá adentro, yo les respondí que estaba muerto, como todos ellos, pero no me creyeron, no conseguí engañar a nadie, ni si quiera a mí mismo.
Afuera, mientras me golpeaba un cierzo que tiraba al suelo cualquier pensamiento que se te pasara por la cabeza, sólo había personas rotas y un par de zapatos nuevos. Me mee en los zapatos nuevos y también en los míos sin querer, me reí y apuré el cigarro. Fugaz como un polvo, apareció una mujer, que me dijo que yo tenía clase, que debía de ir dentro, le respondí que preferiría mearme en mis zapatos, se rió.
Fumaba cigarrillos de chocolate y tenía un culo bastante bonito, además ella lo sabía, eso me gustaba. Su cama, templo, santuario, el lugar dónde se crean y se destruyen los sueños de mi bolsillo, estaba hecha para que todo el mundo en el edificio supiera para que se creó una cama. Dimos buen uso de ella, en mitad de una conversación entre muelles, fue a buscar vino y nos servimos directamente de la botella, mal vino.
Desperté al cabo de una o dos horas, o quizá fueran 2 años, qué importaba. Me levanté, la besé y me fui. Volví al dichoso bar que prometía muchas cosas, seguía abierto, vi mi meada, me fumé un cigarrillo de chocolate y me puse los zapatos meados.
Entré dentro de aquél dichoso bar, realmente no quería entrar, era demasiado caro y yo sólo tenía sueños en el bolsillo. Pero el letrero de fuera prometía colores y algo de calor humano.
Dentro, encontré gente muerta bailando y a un barman, que al verme, supo que estaba en el lado erróneo de la barra, nos miramos, nos casamos durante 3 segundos y luego atendió a otro cliente. No recuerdo cómo lo pagué, el caso es que lo hice. Escupí dentro del bar y salí a fumar un cigarro; en realidad me echaron, me dijeron que no necesitaban "gente" como yo allá adentro, yo les respondí que estaba muerto, como todos ellos, pero no me creyeron, no conseguí engañar a nadie, ni si quiera a mí mismo.
Afuera, mientras me golpeaba un cierzo que tiraba al suelo cualquier pensamiento que se te pasara por la cabeza, sólo había personas rotas y un par de zapatos nuevos. Me mee en los zapatos nuevos y también en los míos sin querer, me reí y apuré el cigarro. Fugaz como un polvo, apareció una mujer, que me dijo que yo tenía clase, que debía de ir dentro, le respondí que preferiría mearme en mis zapatos, se rió.
Fumaba cigarrillos de chocolate y tenía un culo bastante bonito, además ella lo sabía, eso me gustaba. Su cama, templo, santuario, el lugar dónde se crean y se destruyen los sueños de mi bolsillo, estaba hecha para que todo el mundo en el edificio supiera para que se creó una cama. Dimos buen uso de ella, en mitad de una conversación entre muelles, fue a buscar vino y nos servimos directamente de la botella, mal vino.
Desperté al cabo de una o dos horas, o quizá fueran 2 años, qué importaba. Me levanté, la besé y me fui. Volví al dichoso bar que prometía muchas cosas, seguía abierto, vi mi meada, me fumé un cigarrillo de chocolate y me puse los zapatos meados.
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