domingo, 6 de octubre de 2013

Sin título

Llevaba esperando un buen rato, la copa estaba vacía y ya pensaba que no iba a venir, así que cogí una servilleta e intenté escribir una parte de mi pensamiento, por supuesto después de tres líneas mis intestinos me recordaron que existían para algo, así que le pregunté a la camarera dónde estaba el servicio, me miró con desprecio y me señaló que al fondo a la derecha, siempre es al fondo a la derecha, tenía un buen culo.

Mientras pensaba en su culo, pensé en el mío y en el hijo que gestaba. Después de una serie de estrepitosas pedorretas acabé y me fui a limpiar, la sorpresa, como no, era que no había ningún papel, sólo el teléfono en la puerta, de una tal Alice que decía que llamara si estaba masturbándome. Aparte de eso, hedor y soledad es lo único que me quedaba, nunca me ha gustado ir con el culo sucio, así que recordé lo que acaba de escribir en la servilleta, por suerte la había guardado en el bolsillo trasero del pantalón de manera instintiva. Lo leí 4 veces más, y llegué a la conclusión de que ése era el mejor destino de las 3 líneas, me limpié y antes de tirarlo, me fijé en que lo único que se había salvado era "sobrevivir", sonreí, me levanté y volví a la mesa.

En ese mismo momento, la chica acaba de sentarse, me había hecho esperar demasiado, así que pedí dos copas, me bebí una de golpe y la otra de dos sorbos, la chica no parecía cómoda con todo aquello, así que le pregunté que talla de sujetador usaba, le pareció divertido y me respondió con una mentira, aquello me gustó. Compramos algo de vino y nos fuimos a su piso, un piso de estudiantes. Follamos, follamos y follamos y me quedé dormido. Soñé con que me suicidaba, de repente, desperté azotado por una ráfaga de cierzo que me recorrió hasta la última neurona de mi cerebro. Me di cuenta de que todo había sido un sueño, que seguía en el mismo sitio, que me encontraba en la calle, que estaba entre cartones, muerto.

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