Me gusta estar triste. Sentir que no la tengo. Pensar que la he perdido. Sumirme en una miseria y autodestrucción. Autocompadecerme. Sentirme mal. Mirar con nostalgia sus fotos y sus palabras ya vacías del sentimiento que, en el pasado, me ponía los pelos de punta. Llorar con los recuerdos. Andar cabizbajo en otoño, con el viento golpeando mi cabeza, cubriéndome un poco la cara. Golpear cada plan que hicimos juntos contra el asfalto.
También me gusta comerme los bocadillos por el final, por donde la punta, porque es lo que menos me gusta. Cantar en la ducha, y sentirme un Dios al terminar una película. Me gusta escribir, ir al fútbol e insultar al árbitro. Me encanta hablar de cultura. Aprender de arte (siempre y cuando esté bien explicado) Beber por las noches. Ir a un bar, pedir un güisqui con hielo y ser como esos hombres solos de las películas americanas. Me gusta hablar, comer helados de chocolate con vainilla. Pasear, hacer senderismo. Me encanta bailar medio borracho en el Edén. Me gusta desafiar al tiempo, decirle idioteces al amor. Pensar mientras camino a que chicas me follaría de las que pasan a mi alrededor. Mirarme en el reflejo de los cristales del autobús y despeinarme, y que nunca me guste como me queda el pelo. Me gusta llevar sombrero, aunque me de vergüenza. Ver gaviotas, y dar de comer a las palomas cuando se acercan a mí. Me gustan los niños, sonreírles y hacerles tonterías, hasta que me da vergüenza porque me miran sus padres.
Me gusta llegar a casa, descalzarme, sentarme en la silla ante el ordenador y mirar si estás. Saber que te tengo.
Sentir que no te he perdido.
jueves, 31 de marzo de 2011
lunes, 28 de marzo de 2011
Una pareja sobre la Tierra. Allí, solos ante un hombre con un garrote en la mano. Dispuesto a apalearlos. El hombre viste una gabardina marrón sucia y gastada por el tiempo y su uso. Lleva en la mano un sombrero gris y mira hacia el suelo, impidiendo mostrar su cara. La mujer le abraza del cuello. Está desnuda y es muy hermosa. Tiene el pelo granate y rizado en unas ondulaciones que crean un mar en su cabeza rebelde.
El hombre del garrote llora por su tarea. Está arrodillado y con la cabeza encapuchada, por la vergüenza a mostrar su cara. Vivirá con ese recuerdo el resto de su vida, aunque sean dos cortos meses. Llora y la mujer le toca la cabeza dándole su aprobación.
El del garrote la mira, y vuelve a gemir, con un sonido triste y melancólico que hace que a la pareja se le erice la piel. allá va. Levanta el bate y mata de un golpe en la cabeza al hombre. La mujer se tapa la cara con las manos y grita de dolor. El grito cesa con el golpe. En la frente. La carne se levanta y la sangre salpica alrededor. El bate cae 3 veces más sobre ella. Una sobre su tripa, otras dos, en la cabeza de nuevo. Los últimos golpes deforman su belleza en una esperpéntica imagen sin dientes, ensangrentada y anti femenina que rompe los esquemas del hombre que ha sido golpeado primero al despertar de su inconsciencia. El palo vuelve a caer sobre él y muere al instante.
Bajo la capucha, el hombre llora de rabia y tristeza. La baba le cae de los labios mientras cierra los ojos impregnando de fuerza los golpes.

En el fondo, alguien sonríe.
El hombre del garrote llora por su tarea. Está arrodillado y con la cabeza encapuchada, por la vergüenza a mostrar su cara. Vivirá con ese recuerdo el resto de su vida, aunque sean dos cortos meses. Llora y la mujer le toca la cabeza dándole su aprobación.
El del garrote la mira, y vuelve a gemir, con un sonido triste y melancólico que hace que a la pareja se le erice la piel. allá va. Levanta el bate y mata de un golpe en la cabeza al hombre. La mujer se tapa la cara con las manos y grita de dolor. El grito cesa con el golpe. En la frente. La carne se levanta y la sangre salpica alrededor. El bate cae 3 veces más sobre ella. Una sobre su tripa, otras dos, en la cabeza de nuevo. Los últimos golpes deforman su belleza en una esperpéntica imagen sin dientes, ensangrentada y anti femenina que rompe los esquemas del hombre que ha sido golpeado primero al despertar de su inconsciencia. El palo vuelve a caer sobre él y muere al instante.
Bajo la capucha, el hombre llora de rabia y tristeza. La baba le cae de los labios mientras cierra los ojos impregnando de fuerza los golpes.

En el fondo, alguien sonríe.
martes, 15 de marzo de 2011
Querida y dulce Ariadna:
He empezado a escribir esta carta unas mil veces y hoy no tiene nada que ver con la primera intención. Cada vez que he reescrito esta carta he añadido un "pero" más a una lista que no quería llenar, pero que finalmente, he llenado.
Esto es un adiós, Ariadna. Es el único que te puedo dar. Tiene que ser en forma de carta porque, aunque te prometí que en el caso de que alguna vez te lo dijera, sería a tus preciosos ojos, sabes de sobra que no soy lo suficientemente valiente como para eso. No podría mirarte a los ojos y decirte que no me vas a volver a ver; soy un cobarde, insúltame, rompe esta carta cuando acabes de leerla. Pero por favor, perdóname.
Hoy, he salido a pasear, a pesar de la lluvia. Y bajo ese manto de agua he mirado a los edificios, y me he dado cuenta de que no tengo nada más que decir en este lugar. Sé que querrías venir conmigo, fuera donde fuera. Esta ciudad me cansa, me abruma. Cuando salgo a la calle ya he visto antes a todo el mundo. Sé que hemos hecho esto miles de veces, pero no me veo con fuerzas de irme contigo otra vez. Pero no me voy solo. Tus recuerdos van a acompañarme durante toda mi vida, y alguien más me acompaña. Se llama Laura, y ha resucitado mis ganas de todo. Lo siento, no es justo para ti, ni para mí, ni para nosotros, con todo lo que fuimos, pero tampoco sería justo para nadie seguir engañándonos. Seguir disimulando las sonrisas falsas al vernos, al decirnos que nos queremos, y pensar hasta cuando.
¿Donde está el problema? El problema está en todos sitios. Está en que hemos cambiado, en que somos iguales que al principio. Quizás en que queremos aparentar que hemos madurado sin hacerlo. Hoy, mientras paseaba, una chica esperaba a su chico en la puerta de un bar. Cuando lo ha visto llegar, ha sonreído y se ha puesto nerviosa. Ya no veo esas sonrisas en tu cara, ni las veo en la mía cada mañana cuando me levanto en el espejo. Es cierto, Laura tampoco me las provoca, pero no es tú. Tu fuiste la mujer de mi vida, y eso ya es un tren del que bajo. Ahora solo tengo derecho a tristes parches.
Siento que traiciono todos nuestros sueños de futuro, todas las esperanzas de felicidad que creamos. Todos los sitios que ver, todas las casas que comprar, cada sonrisa planeada con tanta previsión. Pero ese futuro ya es un saco de sueños gastados, sueños ya tan removidos que han dejado de ser una probabilidad real, y un solo sueño más iba a romper el saco. Y ese saco se ha roto. Y eso hago yo ahora. Rompo. Rompo con todo, excepto con la promesa de que no vas a volverme a ver. No se donde me voy, es Laura la que ha comprado los billetes de avión. Pero espero que sea lejos. Dónde no pueda olerse tu olor, ni los cristales me recuerden a tus ojos. Donde las señoritas no me recuerden a tí. Donde pueda hacer el amor sin remordimientos.
Lo siento, Ari, pero hasta aquí hemos llegado. Sueños, promesas y esperanzas de una buena vida, han terminado. No tiene más sentido continuar con ellos.
Te quiero.
He empezado a escribir esta carta unas mil veces y hoy no tiene nada que ver con la primera intención. Cada vez que he reescrito esta carta he añadido un "pero" más a una lista que no quería llenar, pero que finalmente, he llenado.
Esto es un adiós, Ariadna. Es el único que te puedo dar. Tiene que ser en forma de carta porque, aunque te prometí que en el caso de que alguna vez te lo dijera, sería a tus preciosos ojos, sabes de sobra que no soy lo suficientemente valiente como para eso. No podría mirarte a los ojos y decirte que no me vas a volver a ver; soy un cobarde, insúltame, rompe esta carta cuando acabes de leerla. Pero por favor, perdóname.
Hoy, he salido a pasear, a pesar de la lluvia. Y bajo ese manto de agua he mirado a los edificios, y me he dado cuenta de que no tengo nada más que decir en este lugar. Sé que querrías venir conmigo, fuera donde fuera. Esta ciudad me cansa, me abruma. Cuando salgo a la calle ya he visto antes a todo el mundo. Sé que hemos hecho esto miles de veces, pero no me veo con fuerzas de irme contigo otra vez. Pero no me voy solo. Tus recuerdos van a acompañarme durante toda mi vida, y alguien más me acompaña. Se llama Laura, y ha resucitado mis ganas de todo. Lo siento, no es justo para ti, ni para mí, ni para nosotros, con todo lo que fuimos, pero tampoco sería justo para nadie seguir engañándonos. Seguir disimulando las sonrisas falsas al vernos, al decirnos que nos queremos, y pensar hasta cuando.
¿Donde está el problema? El problema está en todos sitios. Está en que hemos cambiado, en que somos iguales que al principio. Quizás en que queremos aparentar que hemos madurado sin hacerlo. Hoy, mientras paseaba, una chica esperaba a su chico en la puerta de un bar. Cuando lo ha visto llegar, ha sonreído y se ha puesto nerviosa. Ya no veo esas sonrisas en tu cara, ni las veo en la mía cada mañana cuando me levanto en el espejo. Es cierto, Laura tampoco me las provoca, pero no es tú. Tu fuiste la mujer de mi vida, y eso ya es un tren del que bajo. Ahora solo tengo derecho a tristes parches.
Siento que traiciono todos nuestros sueños de futuro, todas las esperanzas de felicidad que creamos. Todos los sitios que ver, todas las casas que comprar, cada sonrisa planeada con tanta previsión. Pero ese futuro ya es un saco de sueños gastados, sueños ya tan removidos que han dejado de ser una probabilidad real, y un solo sueño más iba a romper el saco. Y ese saco se ha roto. Y eso hago yo ahora. Rompo. Rompo con todo, excepto con la promesa de que no vas a volverme a ver. No se donde me voy, es Laura la que ha comprado los billetes de avión. Pero espero que sea lejos. Dónde no pueda olerse tu olor, ni los cristales me recuerden a tus ojos. Donde las señoritas no me recuerden a tí. Donde pueda hacer el amor sin remordimientos.
Lo siento, Ari, pero hasta aquí hemos llegado. Sueños, promesas y esperanzas de una buena vida, han terminado. No tiene más sentido continuar con ellos.
Te quiero.
lunes, 14 de marzo de 2011
Recuerdos
Hace un rato
te he llamado
y me has dicho
que estabas sola.
Te echo de menos.
Estos meses han sido
los mejores
para todos nosotros.
Ha habido alegría,
miedo,
espera,
ambulancias frías
y kilómetros.
Tu valor,
tus ovarios,
tus risas,
tus anécdotas.
Los besos cuando me voy
o cuando me estoy cocinando algo
a 300 y pico kilómetros de tus
palabras,
de tus dedos...
de tu insomnio que no cesa
hasta que no llego
cerveceada,
un sábado a las 6
de la mañana.
Me cuidas,
te quiero.
Las batallas que has ganado
me las guardo para mí,
porque sí.
Porque eres grandre
y pequeñita.
Porque
te guardo en un album
desde el día
de la odiada comunión.
Porque tu casa
es mi casa
y tu frío,
el mío.
Sobretodo
la ternura
que desprende
ese colchón de lana
y esa estufa de leña,
que desprende ese olor
a bendita infancia.
te he llamado
y me has dicho
que estabas sola.
Te echo de menos.
Estos meses han sido
los mejores
para todos nosotros.
Ha habido alegría,
miedo,
espera,
ambulancias frías
y kilómetros.
Tu valor,
tus ovarios,
tus risas,
tus anécdotas.
Los besos cuando me voy
o cuando me estoy cocinando algo
a 300 y pico kilómetros de tus
palabras,
de tus dedos...
de tu insomnio que no cesa
hasta que no llego
cerveceada,
un sábado a las 6
de la mañana.
Me cuidas,
te quiero.
Las batallas que has ganado
me las guardo para mí,
porque sí.
Porque eres grandre
y pequeñita.
Porque
te guardo en un album
desde el día
de la odiada comunión.
Porque tu casa
es mi casa
y tu frío,
el mío.
Sobretodo
la ternura
que desprende
ese colchón de lana
y esa estufa de leña,
que desprende ese olor
a bendita infancia.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Te quiero.
Y entonces, no quedó nada. Solo el más profundo silencio en la más absoluta soledad. Lo que había pedido, y se había ganado, ahora le hacía llorar de rodillas en el suelo ante una puerta que acababa de cerrarse.
Esta vez, ella no volverá. Sus risas y sus ojos no van a volver a aparecer. El olor de su café, sus bostezos de por las mañanas. Su insultos al despertador. Sus miradas inquebrantables. El miedo en el temblor de sus manos al ver una película de miedo en la pared. Sus pijamas estrafalarios que dan gusto quitarle. Sus rizos, el polvo blanco en vena.
Ahora se tumba en la cama y la imagina tarareando melodías de violín ante el armario escogiendo la ropa que se pondrá esta mañana. Pero el armario está vacío. Y el violín ni siquiera suena bien en su memoria. Era ella la que sabía hacerlo sonar como una vida más profunda dentro de su mente, haciendo que se imaginara mil historias que luego intentaba plasmar sin ninguna clase de éxito en el papel.
"¿Dónde estará?" se pregunta. "Probablemente en el ascensor, saliendo de casa" Se responde con sorna. Estos deberian ser sus momentos dignos. Sus momentos de, bien, vale, vete. Soy mejor sin tí. Pero él sabe que no es nada sin ella, sin sus palabras en el oído. No puede imaginar oyéndole contar a otro chico sus experiencias con él. Cómo decía que le encantaba estar profundamente triste, el muy idiota. Ahora solo hay estrellas, sin luna, en el cielo.
Esta noche, me cuesta estar sin tí. Un sombrero cuelga de la cómoda de la cama. Un sombrero con historia, como la gran mayoría de las cosas de ese cuarto. Una sonrisa habría valido antes para hacerla venir. Ahora ya no es tan fácil. La botella empieza a quedarse vacía y no es justo, para ninguno, ni para él, ni para ella, ni para la botella, porque los tres acabarán rotos, cuando él decida acabar el whisky de un trago y volver a pinchar la piel con la aguja, una última vez, ahora lo necesita más que nunca.
Esta vez, ella no volverá. Sus risas y sus ojos no van a volver a aparecer. El olor de su café, sus bostezos de por las mañanas. Su insultos al despertador. Sus miradas inquebrantables. El miedo en el temblor de sus manos al ver una película de miedo en la pared. Sus pijamas estrafalarios que dan gusto quitarle. Sus rizos, el polvo blanco en vena.
Ahora se tumba en la cama y la imagina tarareando melodías de violín ante el armario escogiendo la ropa que se pondrá esta mañana. Pero el armario está vacío. Y el violín ni siquiera suena bien en su memoria. Era ella la que sabía hacerlo sonar como una vida más profunda dentro de su mente, haciendo que se imaginara mil historias que luego intentaba plasmar sin ninguna clase de éxito en el papel.
"¿Dónde estará?" se pregunta. "Probablemente en el ascensor, saliendo de casa" Se responde con sorna. Estos deberian ser sus momentos dignos. Sus momentos de, bien, vale, vete. Soy mejor sin tí. Pero él sabe que no es nada sin ella, sin sus palabras en el oído. No puede imaginar oyéndole contar a otro chico sus experiencias con él. Cómo decía que le encantaba estar profundamente triste, el muy idiota. Ahora solo hay estrellas, sin luna, en el cielo.
Esta noche, me cuesta estar sin tí. Un sombrero cuelga de la cómoda de la cama. Un sombrero con historia, como la gran mayoría de las cosas de ese cuarto. Una sonrisa habría valido antes para hacerla venir. Ahora ya no es tan fácil. La botella empieza a quedarse vacía y no es justo, para ninguno, ni para él, ni para ella, ni para la botella, porque los tres acabarán rotos, cuando él decida acabar el whisky de un trago y volver a pinchar la piel con la aguja, una última vez, ahora lo necesita más que nunca.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Dame pan (y dime tonto)
"Que vamos rodando por la cuesta abajo y no aprendí a usar los frenos. Si vivir consiste en hacerse más viejo solo me queda ser un poquito mas viejo que ayer..."
Y el viejo, se había hecho aún más viejo y ahora ya era un cadaver. Estaba tumbado en un ataúd con una sonrisa falsa construida con algo de silicona y una crema de sujeción facial. El recomponedor de cuerpos había estado con el cadaver media hora, cuando normalmente se pasaba entre una y dos horas. Pero es que el señor Gómez no iba a pagar un embalsamamiento normal, si no más barato, puesto que no tenía esposa ni hijos, y su pensión no daba para mas. A la funeraria de Pablo le había caído el muerto (valga la ironía) de organizar el entierro. Así, el señor Gomez había pasado la noche fuera del frigorífico de la funeraria porque, a pesar de estar vacío (y precisamente por ello), habría gastado mucha electricidad.
El velatorio fue tranquilo, con apenas tres personas en el tanatorio. Y sin un altercado. Ya tocaba un velatorio tranquilo, después de aquel de homosexuales gritonas. O aquel otro de un cantante famoso que más que pelo tenía un calamar en la cabeza y un hombre entró a gritos pidiendo dinero.
La vida es injusta. Y la muerte mucho más. Reflexionen.
martes, 1 de marzo de 2011
Almas grises
La confusión es el dios
la locura es el dios
la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte.
La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser.
no olvides las aceras,
las putas,
la traición,
el gusano en la manzana,
los bares, las cárceles
los suicidios de los amantes.
aquí en Estados Unidos
hemos asesinado a un presidente y a su hermano,
otro presidente ha tenido que dejar el cargo.
La gente que cree en la política
es como la gente que cree en dios:
sorben aire con pajitas
torcidas
no hay dios
no hay política
no hay paz
no hay amor
no hay control
no hay planes
mantente alejado de dios
permanece angustiado
deslízate
la locura es el dios
la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte.
La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser.
no olvides las aceras,
las putas,
la traición,
el gusano en la manzana,
los bares, las cárceles
los suicidios de los amantes.
aquí en Estados Unidos
hemos asesinado a un presidente y a su hermano,
otro presidente ha tenido que dejar el cargo.
La gente que cree en la política
es como la gente que cree en dios:
sorben aire con pajitas
torcidas
no hay dios
no hay política
no hay paz
no hay amor
no hay control
no hay planes
mantente alejado de dios
permanece angustiado
deslízate
Suscribirse a:
Entradas (Atom)