miércoles, 2 de marzo de 2011

Dame pan (y dime tonto)

"Que vamos rodando por la cuesta abajo y no aprendí a usar los frenos. Si vivir consiste en hacerse más viejo solo me queda ser un poquito mas viejo que ayer..."


Y el viejo, se había hecho aún más viejo y ahora ya era un cadaver. Estaba tumbado en un ataúd con una sonrisa falsa construida con algo de silicona y una crema de sujeción facial. El recomponedor de cuerpos había estado con el cadaver media hora, cuando normalmente se pasaba entre una y dos horas. Pero es que el señor Gómez no iba a pagar un embalsamamiento normal, si no más barato, puesto que no tenía esposa ni hijos, y su pensión no daba para mas. A la funeraria de Pablo le había caído el muerto (valga la ironía) de organizar el entierro. Así, el señor Gomez había pasado la noche fuera del frigorífico de la funeraria porque, a pesar de estar vacío (y precisamente por ello), habría gastado mucha electricidad.
El velatorio fue tranquilo, con apenas tres personas en el tanatorio. Y sin un altercado. Ya tocaba un velatorio tranquilo, después de aquel de homosexuales gritonas. O aquel otro de un cantante famoso que más que pelo tenía un calamar en la cabeza y un hombre entró a gritos pidiendo dinero.
La vida es injusta. Y la muerte mucho más. Reflexionen.

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