Hace un rato
te he llamado
y me has dicho
que estabas sola.
Te echo de menos.
Estos meses han sido
los mejores
para todos nosotros.
Ha habido alegría,
miedo,
espera,
ambulancias frías
y kilómetros.
Tu valor,
tus ovarios,
tus risas,
tus anécdotas.
Los besos cuando me voy
o cuando me estoy cocinando algo
a 300 y pico kilómetros de tus
palabras,
de tus dedos...
de tu insomnio que no cesa
hasta que no llego
cerveceada,
un sábado a las 6
de la mañana.
Me cuidas,
te quiero.
Las batallas que has ganado
me las guardo para mí,
porque sí.
Porque eres grandre
y pequeñita.
Porque
te guardo en un album
desde el día
de la odiada comunión.
Porque tu casa
es mi casa
y tu frío,
el mío.
Sobretodo
la ternura
que desprende
ese colchón de lana
y esa estufa de leña,
que desprende ese olor
a bendita infancia.
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