martes, 23 de octubre de 2012

Labios

Rojos. Carnosos. Dulces o salados. Cortados por el viento y el sol. Húmedos de saliva o con sed de venganza. Mordidos y hasta arañados. Alguna vez pintados. Melosos, mentirosos, rotos y destrozados o hambrientos.

Y a lo que me quiero dar cuenta, están pegados a los míos. Me acosan, me seducen, con sutileza parecen murmurar algo en mitad de una confusión de bocas pastosas y lenguas nómadas. Desnudos y desorientados, ansian conocer la vasta devastación de una noche, quizá dos, y parte de una mañana soleada de invierno, en cualquier espacio que me cedieses de tu piel.
Mas si la noche vuelve a intentar forzar una despedida interminable, y volviese a creerme abstemia por tus labios de fresa salvaje, rompería cualquier circunstancia de concordancia con la decencia y nadaria en la enigmática oscuridad de tus piernas de caramelo. Succionaría con los míos toda la frialdad y torpeza que tuvieras por tocarme y partiría tu vergüenza en pedazos de lujuria. Las esquinas y bordes de tu flaqueza atravesarian mi cuerpo, eclipsando en lo más profundo de tu almohada, de tu cuarto, de tus labios, de tí, de mí. Deseo.
Labios. Lazos de criaturas destempladas. Lacrimógenos de dedos cruzados y cuerpos conjuntos. Miel en mi mirada e insectos en tus pupilas.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Ojos rojos


Verano. Noche. Una calle apestando a meados. Una ciudad decrépita. Si todas las personas de esa calle echaran el aliento a la vez, conseguiríamos el aroma de una bodega a punto de derrumbarse. Nadie siente pudor ni vergüenza alguna ante sus estados etílicos, a cual mayor. Las jovencitas se degradan procurando calentar al más mezquino que se les ponga a tiro. Una forma facilona de subirse la autoestima. Hay parejas apoyadas en los coches que se besan desenfrenadamente. Paula y Andrés, su machito de turno, son una de ellas. Ella, intento frustrado de romántica, le dice palabras bonitas que no siente mientras le atusa los rizos. Él, con las manos bajo su falda, le promete cosas que jamás llegará a cumplir una vez consiga tirársela. Y tú, querido lector, vas a ser el afortunado cómplice del derramamiento de sangre que voy a provocar. Le pienso aplastar los sesos a ese capullo.

Era innegable que lo mío con Paula hasta esta noche era un magnetismo evidente. Dos meses de tonteo vía Internet con tórridas charlas a las tantas de la mañana. Sin embargo, cuan grande ha sido mi sorpresa al darme un empujón cuando intentaba besarla. Yo, educado y dócil oyente de sus penas y pensamientos, me he sentido como un vulgar pañuelo manchado de mocos y lágrimas que ya no sirve. Que poco se cortó cuando me contaba con cuántos hombres había frecuentado, cual era su postura preferida en la cama, su particular fetiche con las manos, así como los juguetitos que utilizaba para masturbarse en sus noches de bajón. Como podéis ver, tengo armas suficientes para destruirla social y personalmente. Sin embargo, encuentro más coherente y caballeroso que sea ella misma la que se vea empujada a mis brazos. No veo un medio mejor de conseguir mi objetivo que deshaciéndome de Andrés, esa sucia rata. Estoy convencido de que Paula será lo suficientemente inteligente de pensarse dos veces si volver a rechazarme. Este acto de valentía y coraje cambiará totalmente su perspectiva hacia mí. Ya no seré su amigo nunca más.

Se despiden por fin. Casi se atragantan en su último juego de lenguas. Se dicen adiós. Paula viene hacia mí, sonriente y sonrojada, y la acompaño hasta la parada del autobús. Escucho con educación y alegría fingida su aventura de la noche. Quince minutos después me encuentro solo. Regreso a paso ligero a la calle de antes. ¡Pero qué ven mis ojos! Tendríais que ver, queridos amigos, la cara de felicidad extrema que se me acaba de dibujar. A escasos diez metros de doblar la calle y llegar a mi destino, me encuentro con la sucia rata de Andrés. Está orinando en un garaje y canturreando una canción ilegible debido a su borrachera. No lo dudo un instante y voy a por él. Su sueño eterno está a punto de comenzar. En cuanto caiga inconsciente al suelo, con la cabeza destrozada a golpes contra el parquímetro más cercano. Te quiero, Paula. Te quiero y lo deseo todo contigo.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Mientras.



(Plic).
Joder, esto sí que es una putada.
(Plic). (Plic). (Plic).
No se ni qué cojones he hecho para llegar aquí, pero.... (Plic). Estoy jodido. El escenario es kafkiano. Eso diría mi profesor de literatura. (Plic). La habitación negra, sin luces. Solo una ventana, justo detrás de mi. Intuyo que hay una ventana porque si no no tiene sentido (Plic) que entre luz, y además veo mi propia sombra (Plic). Yo estoy sentado en una silla. No pregunten por qué, pero no puedo moverme (Plic). No estoy atado, si eso es lo que (Plic) piensan. Simplemente, no puedo (Plic) moverme. (Plic). Debe ser cosa (Plic) de las piernas (Plic), llevaban ya (Plic) doliéndome varios (Plic) días. Lo raro es que tampoco (Plic) puedo mover (Plic) los brazos. (Plic) (Plic) (Plic) Eso que se oye como (Plic) un “tic” (Plic) son gotas. (Plic) Al principio solo había un agujero diminuto (Plic) en (Plic) el techo. (Plic) Pero ahora han empezado a surgir más, y creo que (Plic) el techo se va a venir abajo (Plic).  Eso sí que sería una (Plic) putada, (Plic) porque yo había (Plic) quedado para (Plic) cenar. (Plic)
(Plic)
(Plic)
(Plic)
(Plic)
Y (Plic) esa (Plic) grieta (Plic) se está (Plic) abriendo.
(Plic)
(Plic)
(Plic).
                

martes, 28 de agosto de 2012

Los restos del naufragio

Estúpido.




Me destrozo, soy un fénix y vuelvo a destrozarme. Me hundo en el barro de la misericordia y la autocompasión. Camino desnudo por la vida sin saber muy bien qué sentir ante los recuerdos de tu amor. Ahora es cuando siento lo que me he ganado durante dos años y pico. Dolor. El que te he dado, el que debo recibir.
Guardo tus cartas, les releo, las rompo, las vuelvo a leer rotas. Esparzo los pedazos de tus fotos sobre una mesa, los quemo.
Grito al aire sin decir nada. Expulso un grito rojo ira, verde soledad. Me revuelco por el suelo y siento deshacer mi cuerpo en dos mil pedazos de mierda y siento que el dolor no me dejará volver a juntarlos nunca jamás (ojalá). Que me quedaré siempre roto en mil pedazos.
Pero no es así. Me despierto empapado en sudor, en frío, en miedo, y vuelvo a caminar por la vida con una sonrisa triste, con el pelo despeinado, con una camiseta negra, esperando que vengas y que tu sonrisa me diga "que va, no me he ido, he estado ausente".
Así que me siento y pienso no cómo recuperarte, porque eso se que no lo conseguiré, si no como olvidarte. Cómo poder mirar nuestros recuerdos y no sentir una bomba en el pecho, cómo seguir caminando con la vida con esperanzas de amor. Cómo tener mi Ariadna, cómo hacer que sea otra.
Yo qué se. Que te quiero, Courtney.

domingo, 8 de julio de 2012

(Des)Tristeza en los andenes.

Lo que más me duele es saber que no volveré a olerte. Tampoco volveré a ver tus ojos cerrados conmigo encima ni a ver tus dientes en una sonrisa.
Lo que más me duele es el corazón, el olor a tabaco en las cortinas, olvidar el pozo infinito de tus ojos.



Cuando escribes sin tener nada que contar salvo hablar de dolor, o lágrimas, o llanto, es mejor callar, no decir nada y hacer un mutis por el foro para que nadie se ria de ti. Pero de vez en cuando no está de más hacer el ridículo, y purgar el alma o la mente (pura e inútil distinción).



Si me dijeras "ven" me arrastraría como dije que haría. Te diría que he aprendido de mis errores, que el hastío no es el fin, que el perdón es más fuerte de lo que yo pensaba, que yo que se.

Pero no es momento de redenciones, en realidad. Quiero arrancar de nuevo el coche y salir volando de este estancamiento. Subirme al San Francisco Express. Parece que el camino para empezar no es malo del todo.
Ahora empieza, o ayer. O antes de ayer. O mejor, antes de antes de ayer.
Suerte a los que se quedaron en el camino.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Remake

Ahora que te has ido me siento entre viejos álbumes de fotografía a mirar los recuerdos que se fueron. Ahora que te has ido, Ariadna, observo tras los visillos de la ventana el sol que aparece cada mañana y que inunda la colcha de mi cama vacía, porque duermo en el sofá. Veo fotos, fotos de Madrid, de Bilbao o Zaragoza, de Toledo. Nos veo abrazados en balcones florales, veo fotos impregnadas de vida y felicidad.

Te veo a ti, impregnada de felicidad y vida.

Ariadna, puta, ¿dónde estás? te has ido. Has huido y me has dejado con estas rosas para ti en la mano, como un hombre desgraciado al que le pilla la tormenta en mitad de la calle, y él, sin paraguas, camina con toda tranquilidad, sin querer llegar a su destino, porque ni lo tiene ni lo quiere tener. Te has ido al primer problema, y porque siempre fuiste una vulgar cobarde.

Ahora intento romper los platos con la misma elegancia con la que tú los rompías. Intento caminar con esa dignidad y gritar a cualquier mujer que se intente acercar con un parecido mínimamente reconocible a como lo hacías tú.

Lloro al oír tacones que caminan en el piso de arriba, y me emborracho viendo las películas que tanto te hacían llorar. Me meto en mi cuarto de escribir y aporreo el teclado mientras no escribo absolutamente nada coherente, fumándome un cigarro tras otro, atento al ruido de la puerta, y tu risa inconfundible, atento a tus pasos hasta el comedor y atento al ruido de bolsas que dejas en el suelo con dos o tres vestidos nuevos.

Ariadna, tú no eras así. Tú no puedes abandonarme así. Tú eras mi Ariadna, la indomable. Ariadna, vuelve. Ariadna, a ti no puede comerte el cáncer.

jueves, 17 de mayo de 2012

Cerveza.

Es cómo esa gente que te encuentras por la noche y le invitas a un chupito por la única razón de que te gusta estar con ellos.


Suena esta canción, para tí, Lucía... *


Mientras Billie Holiday suena en el viejo tocadiscos, y su voz rota y ebria rompe el silencio del hogar, ella se levanta de la cama poniéndose un camisón para taparse, él se da la vuelta en el colchón, y deja su mano dónde antes estuvo el cuerpo de ella.

Lucía asoma su cabeza a una ventana que muestra un paisaje tan triste como lo es la ciudad. En la ventana de enfrente, la oscuridad contrasta con una luz que, de vez en cuando, es más o menos potente, se oye una radio en la lejanía, y un coche pasa por la calle, rompiendo la armonía (o desarmonía) de todos los sonidos anteriores. Mientras, el sol naranja empieza a asomar.

Lucía asoma la cabeza, y revive los 20 segundos de orgasmo que le ha dado el tío que dice llamarse Carlos y que está tumbado en su cama, ese extraño que no se despierta ante la voz quebrada de Holiday, y que está deseando que se vaya de su casa, para desayunar tranquila, para poder seguir su vida sola.

Lucía se asoma, y ve un hombre apoyado en una pared, lee el periódico y fuma un cigarro. Lleva un pantalón vaquero y una camiseta negra, el pelo alborotado, y una pose chulesca que piensa que le llevará a cualquier lugar. En la acera de enfrente, una mujer con un paraguas extendido camina apresurada, con unos zapatos de tacón en la mano, el maquillaje corrido, y un tirante de su vestido rojo, roto. El hombre levanta la vista del periódico, y le silba, mientras ella apresura el paso.

En la cama, el hombre que duerme, quizás sueñe con un vaso de ginebra que le dio un polvo y 5 horas de sueño en una cama desconocida. Pero Lucía se harta. Le da unos golpecitos en el hombro, y le dice que se despierte, que va a llegar un marido que no existe. Ella se mete en la ducha, y se quita toda la mierda de la noche anterior, sus pensamientos, sus deseos, semen y restos de resaca. Y cuando sale, el hombre se ha vestido y se ha ido, huyendo de ese marido inexistente y de un compromiso que jamás querría. Ella se pone un vestido rojo y se sirve una copa de Gordon´s. Luego, sale a la calle, y cuando pasa por delante del hombre que lee el periódico,  le guiña un ojo. Pero él, está centrado en la página de deportes y en el resultado del Estudiantes de la noche anterior.

viernes, 24 de febrero de 2012

Con todos y con nadie.

Ronronea como una gata en la semi-oscuridad de la noche mientras se desnuda en un viejo apartamento apartado de la ciudad y del mundo, como en un espacio lejano, ausente de todo y de todos, sin problemas ni soluciones.

"Puedo ponerme humilde y decir
que no soy el mejor
que me falta valor para atarte a mi cama"

miércoles, 22 de febrero de 2012

Esos ojos de gata (loca).

"Llevas la mentira en la sangre, Lebowski". Me encanta. Y me mira con esos ojos verdes por encima de las gafas. Esos ojos que hacen que se doblen mis rodillas, y me pregunto por qué tengo la suerte de que aún me estén mirando."Que yo no miento" digo con un tono de reproche. ¿Qué yo no miento? Yo miento más que un asesino condenado a muerte que niega su delito. "No ni poco" me suelta, sonriendo.
"Que todo el daño que pude hacer, fue casi siempre sin querer"*

Aún no me explico la semi-oportunidad que tengo de enmendar mis errores, y me acojono cuando pienso en lo débil que es todo, y en la facilidad para romperse que tiene. No como el mimbre. No como un corazón.
Que estoy loco. Que si ahora me fallo a mi mismo, me tiro al vacío. Que tengo y debo haber cambiado.
Que de verdad. Que ya no soy Hank, que ahora soy... soy Hank. Pero el otro.
Que sí, que prometido.




*Los suaves.

viernes, 10 de febrero de 2012

Test.

El primero de enero, tararí,
será tan gris como un jueves cualquiera,
sin Drácula escalando el Pirulí,
ni marcianos cruzando la frontera.


Más de lo mismo bajo el cielo añil,
Cronos en su fugaz trono vacío, la anoréxica luna giligil
no exportará vacunas contra el frío.


Llenaré otro galpón municipal
y esperaré el diluvio universal
viendo crecer el bosque por la acera.


El primero de enero (del dos mil
once), aunque siga muriéndome por ti,
me iré con la primera que me quiera. 
                                                   J.Sabina.

Qué quieres que escriba, ¿que te echo de menos? Que me tumbo en la cama, miro al techo y recito poemas del primero que me viene a la cabeza -donde siempre estás tú-, mientras intento derribar el muro de cemento que he creado al rededor de tu figura. Que sí, que eres preciosa. Que de eso -al menos de eso- sí que estoy seguro.

Pero que no.

Que dos mil mañanas no superan a quinientas noches, y que aun estoy "en proceso de", como dicen los que entienden de amor, si es que acaso hay alguien que entienda lo más mínimo. Y mira que (de verdad) lo intento. Que soy un super héroe que busca poderes en papelitos doblados que guarda en la cartera, y los mira como un bobo.

Pero que no, que cuatro piedras no tiran un muro de cemento.

viernes, 27 de enero de 2012

Tipología de un éxodo sentimental.

"Arde al atardecer
entera la ciudad.
No hay tiempo que perder
si queremos escapar."

Cierra los ojos, puta, e imagina.
La ciudad ardiendo y tú, inmune a las llamas y al calor, inmune al infierno que te rodea, paseando entre sus calles vacías.Te meces en un ligero vaivén, como una niña que agita su falda imitando el tintineo de una campana: "tilín... tilín...", y sonríes recordando historias perdidas en esquinas que ahora arden, y sonríes ante recuerdos de manos en lugares prohibidos, ante ojos desaprobatorios, y miradas ajenas de deseos que fulminaban una felicidad que, por aquel entonces, existía. Y sonríes.
Y yo, al final de la calle. Con mis vaqueros rotos y una camiseta negra que me va grande, y sudando como un puerco por el calor de las llamas. Y te grito, y te digo que vengas.

"Vuelve, que tengo, vida, las luces encendidas
para así comprender, para ver.
Vuelve, que me he encontrado un tesoro enterrado
que llevo a flor de piel, cuéntame…"

Pero se que es tarde y que esa sonrisa esconde odio. Y me arrodillo, con la esperanza de que las llamas me envuelvan y quede calcinado en una calzada en la que antes nos besamos.
Y quizás, mañana vuelvas a quererme.

lunes, 23 de enero de 2012

Oscuridad Morada

Y es que este negro ardor me está matando. Este negro y solitario vacío, lleno de nada, porque no tengo nada con que llenarlo. Porque la miserable opción de llenarlo con sentimientos se desvaneció cuando me los corté con una cuchilla mientras me afeitaba una mañana. Y eso que yo me afeito a máquinilla.
Y ahora en este absurdo cuarto de cuatro paredes sin puerta ni ventanas, que yo he montado desde dentro levantando unas paredes que estaban en el suelo, en mitad de la M-30, con un techo acristalado pero negramente opaco. Que no pasa más que una extraña luz que, el cristal tintado, vuelve absurdamente morada.
Y, sentado llorando, gritando desgarradoramente al mundo lo que echo de menos una oscuridad morada de verdad, no una así, tan artificialmente creada por mi, lanzo unos dados en los que no veo el resultado; está demasiado oscuro.
Sería tan sencillo romper estas paredes de cartón, tirarlas abajo entre sollozos y salir corriendo a buscar una oscuridadverde, o amarilla, o quizás con un par de mocos colgando. O quizá siete. O quizás uno.
Los mocos suficientes como para que vuelva a ser mi oscuridad morada.