Es cómo esa gente que te encuentras por la noche y le invitas a un chupito por la única razón de que te gusta estar con ellos.
Suena esta canción, para tí, Lucía... *
Mientras Billie Holiday suena en el viejo tocadiscos, y su voz rota y ebria rompe el silencio del hogar, ella se levanta de la cama poniéndose un camisón para taparse, él se da la vuelta en el colchón, y deja su mano dónde antes estuvo el cuerpo de ella.
Lucía asoma su cabeza a una ventana que muestra un paisaje tan triste como lo es la ciudad. En la ventana de enfrente, la oscuridad contrasta con una luz que, de vez en cuando, es más o menos potente, se oye una radio en la lejanía, y un coche pasa por la calle, rompiendo la armonía (o desarmonía) de todos los sonidos anteriores. Mientras, el sol naranja empieza a asomar.
Lucía asoma la cabeza, y revive los 20 segundos de orgasmo que le ha dado el tío que dice llamarse Carlos y que está tumbado en su cama, ese extraño que no se despierta ante la voz quebrada de Holiday, y que está deseando que se vaya de su casa, para desayunar tranquila, para poder seguir su vida sola.
Lucía se asoma, y ve un hombre apoyado en una pared, lee el periódico y fuma un cigarro. Lleva un pantalón vaquero y una camiseta negra, el pelo alborotado, y una pose chulesca que piensa que le llevará a cualquier lugar. En la acera de enfrente, una mujer con un paraguas extendido camina apresurada, con unos zapatos de tacón en la mano, el maquillaje corrido, y un tirante de su vestido rojo, roto. El hombre levanta la vista del periódico, y le silba, mientras ella apresura el paso.
En la cama, el hombre que duerme, quizás sueñe con un vaso de ginebra que le dio un polvo y 5 horas de sueño en una cama desconocida. Pero Lucía se harta. Le da unos golpecitos en el hombro, y le dice que se despierte, que va a llegar un marido que no existe. Ella se mete en la ducha, y se quita toda la mierda de la noche anterior, sus pensamientos, sus deseos, semen y restos de resaca. Y cuando sale, el hombre se ha vestido y se ha ido, huyendo de ese marido inexistente y de un compromiso que jamás querría. Ella se pone un vestido rojo y se sirve una copa de Gordon´s. Luego, sale a la calle, y cuando pasa por delante del hombre que lee el periódico, le guiña un ojo. Pero él, está centrado en la página de deportes y en el resultado del Estudiantes de la noche anterior.
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