miércoles, 23 de mayo de 2012

Remake

Ahora que te has ido me siento entre viejos álbumes de fotografía a mirar los recuerdos que se fueron. Ahora que te has ido, Ariadna, observo tras los visillos de la ventana el sol que aparece cada mañana y que inunda la colcha de mi cama vacía, porque duermo en el sofá. Veo fotos, fotos de Madrid, de Bilbao o Zaragoza, de Toledo. Nos veo abrazados en balcones florales, veo fotos impregnadas de vida y felicidad.

Te veo a ti, impregnada de felicidad y vida.

Ariadna, puta, ¿dónde estás? te has ido. Has huido y me has dejado con estas rosas para ti en la mano, como un hombre desgraciado al que le pilla la tormenta en mitad de la calle, y él, sin paraguas, camina con toda tranquilidad, sin querer llegar a su destino, porque ni lo tiene ni lo quiere tener. Te has ido al primer problema, y porque siempre fuiste una vulgar cobarde.

Ahora intento romper los platos con la misma elegancia con la que tú los rompías. Intento caminar con esa dignidad y gritar a cualquier mujer que se intente acercar con un parecido mínimamente reconocible a como lo hacías tú.

Lloro al oír tacones que caminan en el piso de arriba, y me emborracho viendo las películas que tanto te hacían llorar. Me meto en mi cuarto de escribir y aporreo el teclado mientras no escribo absolutamente nada coherente, fumándome un cigarro tras otro, atento al ruido de la puerta, y tu risa inconfundible, atento a tus pasos hasta el comedor y atento al ruido de bolsas que dejas en el suelo con dos o tres vestidos nuevos.

Ariadna, tú no eras así. Tú no puedes abandonarme así. Tú eras mi Ariadna, la indomable. Ariadna, vuelve. Ariadna, a ti no puede comerte el cáncer.

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