Estúpido.
Me destrozo, soy un fénix y vuelvo a destrozarme. Me hundo en el barro de la misericordia y la autocompasión. Camino desnudo por la vida sin saber muy bien qué sentir ante los recuerdos de tu amor. Ahora es cuando siento lo que me he ganado durante dos años y pico. Dolor. El que te he dado, el que debo recibir.
Guardo tus cartas, les releo, las rompo, las vuelvo a leer rotas. Esparzo los pedazos de tus fotos sobre una mesa, los quemo.
Grito al aire sin decir nada. Expulso un grito rojo ira, verde soledad. Me revuelco por el suelo y siento deshacer mi cuerpo en dos mil pedazos de mierda y siento que el dolor no me dejará volver a juntarlos nunca jamás (ojalá). Que me quedaré siempre roto en mil pedazos.
Pero no es así. Me despierto empapado en sudor, en frío, en miedo, y vuelvo a caminar por la vida con una sonrisa triste, con el pelo despeinado, con una camiseta negra, esperando que vengas y que tu sonrisa me diga "que va, no me he ido, he estado ausente".
Así que me siento y pienso no cómo recuperarte, porque eso se que no lo conseguiré, si no como olvidarte. Cómo poder mirar nuestros recuerdos y no sentir una bomba en el pecho, cómo seguir caminando con la vida con esperanzas de amor. Cómo tener mi Ariadna, cómo hacer que sea otra.
Yo qué se. Que te quiero, Courtney.
No hay comentarios:
Publicar un comentario