Lo único que tengo claro es que no se nada. No se por qué pasó. No se cuando acabará. No se cómo sentirme, si feliz por tenerte o triste por no tenerte. No se cuando acabará.
Tengo que cuidar las palabras, y perdido en esos ojos verdes me planteo mis dos verdaderas opciones, mientras acaricio tus piernas y tu boca muerde mi cuello. Las dos opciones son claras y sonrío a tu mirada.
Una opción, la cual es la que probablemente no haga, es intentar aclarar algo, y querer dejar de estar confuso. Pero siempre que me la imagino, me entra un terrible miedo, y muchas ganas de llorar, y de romper todas las tiendas de pinturas del mundo, y nos imagino hablando, y siempre te imagino huyendo de mi, y no volviéndote a ver nunca, y aunque quizás fuera lo mejor para ti, no puedo imaginarme (aún) de nuevo metiéndome en el mar en el que me metería después, un mar un poquito salado y con un poquito sabor a whisky y otro poquito sabor a vodka, y no puedo imaginarme intentando salir cuando note que el mar me ahoga, y lo que me imagino es ahogándome sin remedio.
La otra opción, que es la que voy a tomar, es seguir igual de confuso que ahora, seguir igual de perdido e igual de triste, e igual de feliz por tenerte a ratitos, con toda la incertidumbre del mundo, y aguantar hasta que tú decidas que es suficiente regalarme tus miradas.
Y sobre todo, que me sigas dejando regalarte flores amarillas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario