Después de intentar escribir algo durante 70 años, se despertó a las 8 de la mañana, un domingo lluvioso, de esos días que hay que aprovechar completamente; y sabes que lo que debes hacer es abrir una botella y sacarle un buen partido, paladeando el sabor a bilis de ayer, junto con el licor de ahora. Estuvo mirando las gotas del cristal, mientras pensaba en aquella primera vez, en la conoció el amor verdadero, algo que jamás se separaría de él, y que nunca lo abandonaría. Se sirvió del recipiente 2 o 3 años menos de vida. Se ensimismó con las formas del humo del tabaco y pensó en lo asqueroso que sería mascarlo.
ESE olor, estaba por toda la habitación, un olor degradante, que te recuerda cada uno de tus fracasos en tu absurda existencia, nació para fracasar, ESE olor fue el que estuvo distrayéndole durante su siesta de 5 horas, soñó con perfumes, con Patrick Süskind, y con la vecina de abajo que siempre huelen a vainilla sus pechos, rezumando inocencia e inseguridad. Pero en realidad, no era ningún buen olor, mas bien HEDÍA, era insoportable, y le perturbó totalmente su descanso. Se despertó con ESTE dolor de cabeza. Y rápidamente, su olfato hábil, le dijo, aquí hiede. Un olor a colonia de supermercado, a llegar tarde a la decimonovena entrevista de trabajo con ese traje desgastado y esos zapatos con escasas suelas llenos de chicles con el pelo repeinado de haberse pasado la noche anterior, a esa colonia que te ponía tu madre de pequeño cuando salías de bañarte, a todos esos miedos que nos persiguen por el día y nos esperan tras el alféizar de la ventana. Buscó desesperadamente el origen de ESE olor tan repugnante, tiró al suelo todo lo que encontró, y puso en la cama todo lo del suelo. NADA, esa fue la respuesta que recibió, hasta que entonces, se paró a pensar si lo estaba imaginando, pero desechó la idea cuando salió de la habitación y se preparó un café; entonces él sabía que la habitación estaba infestada de algo, sin respuesta, fue a por un trago que calmara su sensatez, y entonces, el olor se hizo más fuerte, y se acordó dónde había comprado la botella, un lugar deprimente (como todos), pero este además gozaba de numerosas cucarachas, que sonreían, la marca, totalmente desconocida.
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