lunes, 4 de mayo de 2009
Habla a los ángeles
Después de un año de silencio vuelve el dolor. Aparece, y mi bomba de relojería sufre taquicardias. Pienso que soy un insensible, o un irresponsable, porque nunca es la última, y siempre me aparecen más, y más, y más. Pienso que no soy un cobarde por esconderme y no mostar mi rostro enrojecido de frotarme y ligeramente húmedo. Pienso que mi mejor amigo es un conjunto de información que un par de pilares transforman en ondas sonoras. Ese conjunto de ondas sonoras me hacen sentir vivo, canalizar el dolor, que más da. También caigo en las redes de ese sonido. Cada sonido, clasificado en un pentagrama, me recuerda a tí, y no puedo evitar agarrar mis trapos para elaborar la más tierna imitación. Se que los días de tormentas duras son días que encharcan lugares, y afectan a miles de personas. Siempre pensé que nunca pasaba nada, que tú no eras nadie, que no había nada por lo que observar... y ahora creo que mi vida se resume en cada golpe que doy en mi lengua, cada movimiento de mis cuerdas vocales al crear hiato, cada vez que ligeramente abro la boca para terminar tu nombre... es mi sentencia. Por eso pienso que los días de tormenta los pasaré junto a la gente afectada, me revolcaré en el barro hasta que note que no duele. Me gustaría salir a la calle, gritar tu nombre, que me abraces, llorar y después besarte, y que en un sofa rojo con una camarera oriental nos salgan heridas de pelar pipas y de decir cuanto nos amamos.
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