Llover, no llovía demasiado, por mucho que dijera la agencia metereológica del Gobierno. El paraguas sobraba, a pesar de lo precioso que era verla enfadada por los golpes que le daba con él. Ahora todo es distinto, y hay que volver a pensar en números, trabajos y fechas. Ahora es el momento de echar de menos el sexo mañanero, de desear besos lejanos, de comer sin sonrisas.
Con qué simpleza surgen dos vidas paralelas, completamente distintas, en una persona. Una maravillosa y la otra aburrida, vacía.
Todo por un alma pequeña que surgió de la nada un día cualquiera. Que volvió boca abajo su vida. Nada es lo mismo desde entonces. Ni siquiera el sexo. Ya no folla para él. Hace el amor para ella. No importa una mierda lo que pase mientras ella esté bien.
Y las bañeras son demasiado pequeñas. Te quiero, pequeña.
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