En la lista de la compra había cuatro cosas mal contadas. Cosas para nada importantes en el caso de que no tengas cuarenta años, seas hombre, y estes soltero. Abundaban las revistas de coches, algun licor fuerte para calmar las noches y unos cuantos paquetes de tabaco.
Lo peor, para Jaime, son los viernes. Los viernes cuando con 15 años menos se comía el mundo. Y se sume en su sillón viejo y gastado, asqueroso sin importarle lo más mínimo, que se manche de semen reseco dejado alli en tiempos mejores cada vez que se sienta.
Sentado en su sillon, abre su botella y bebe un vaso tras otro, sin parar un solo segundo. Cuando va por la mitad de la botella, la cierra y la estampa contra el suelo. Entonces rompe a llorar. Entre lágrimas y gimoteos, pronuncia el nombre de aquella chica lejana, en un pasado demasiado lejano, que pudo cambiar su mierda de vida.
Pero la volvio a cagar, como siempre.
Y es entonces, cuando sus ojos se encuentran con los de ella, negros, igual de jóvenes que hace 15 años. Esas pestañas cuidadas y con un pequeño rastro de rimel que casi nunca se ponia . Y se recuerda, viviendo cada segundo. Disfrutando como un jodido adolescente. Como lo que, incluso con 25 años, aun era.
Ella se fue, y ya no merece la pena nada. No merece la pena intentar encontrar otra, ni pagar a zorras para que se la chupen. Lo importante es donde estará ella. Quizás cumplió su sueño y es actriz. o quizás acabó su carrera y se dedica a salvar gente de sus locuras.
O quizás, piensa con un breve destello que parece esperanza, quizas ahora este llorando en un sillon gastado, con el suelo lleno de bebida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario