miércoles, 27 de octubre de 2010

Una delicia de capricho.

En la lista de la compra había cuatro cosas mal contadas. Cosas para nada importantes en el caso de que no tengas cuarenta años, seas hombre, y estes soltero. Abundaban las revistas de coches, algun licor fuerte para calmar las noches y unos cuantos paquetes de tabaco.
Lo peor, para Jaime, son los viernes. Los viernes cuando con 15 años menos se comía el mundo. Y se sume en su sillón viejo y gastado, asqueroso sin importarle lo más mínimo, que se manche de semen reseco dejado alli en tiempos mejores cada vez que se sienta.
Sentado en su sillon, abre su botella y bebe un vaso tras otro, sin parar un solo segundo. Cuando va por la mitad de la botella, la cierra y la estampa contra el suelo. Entonces rompe a llorar. Entre lágrimas y gimoteos, pronuncia el nombre de aquella chica lejana, en un pasado demasiado lejano, que pudo cambiar su mierda de vida. 
Pero la volvio a cagar, como siempre.
Y es entonces, cuando sus ojos se encuentran con los de ella, negros, igual de jóvenes que hace 15 años. Esas pestañas cuidadas y con un pequeño rastro de rimel que casi nunca se ponia . Y se recuerda, viviendo cada segundo. Disfrutando como un jodido adolescente. Como lo que, incluso con 25 años, aun era.
Ella se fue, y ya no merece la pena nada. No merece la pena intentar encontrar otra, ni pagar a zorras para que se la chupen. Lo importante es donde estará ella. Quizás cumplió su sueño y es actriz. o quizás acabó su carrera y se dedica a salvar gente de sus locuras.
O quizás, piensa con un breve destello que parece esperanza, quizas ahora este llorando en un sillon gastado, con el suelo lleno de bebida.

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