martes, 28 de junio de 2011

Lulú

Lulú siempre quiso enamorarse. La primera vez que besó a un chico tenía 13 años. Él era mayor y tenía las manos inquietas. Aprendió a defenderse de esas oscuridades que la acechaban siempre que se excitaba. Aunque le gustaba resistirse, se acababa abandonando al deseo de esos labios incansables de decirle lo guapa que era.
- Lulú, eres la chica más guapa que he besado nunca.

Ella seguida soñando, deseando. Quería ser feliz. No creía que fuese bonita. Por eso anhelaba serlo. Odiaba los espejos y la respuesta que le daban. Empezó a maquillarse. Tenía unos ojos marrones preciosos, de esos que quitan el hipo. Ahí empezó todo. Los perfilaba con cariño, como si fuesen lo único valioso de su cuerpo. Los hombres se giraban a mirarla caminar, disimuladamente, cuando pasaba a su lado. Se perfumaba siempre con un botecito que le dejó su madre antes de abandonarla. Era un bote lleno de sensaciones e historia. Era olor de madre.
Lulú siempre quiso ser bonita. Cuando tenía 15 leía revistas de moda y soñaba con ser una modelo. Decidió mudarse a Barcelona. El pueblo-cárcel de Murcia se le quedaba pequeño. Tenía la boca llena de sueños.
Era casi bonita.
Llegó a Barcelona con "Señas de identidad" de Goytisolo bajo el brazo. Se sentía perdida y desterrada de su vida. Todo era hostil. Ese territorio no era el suyo, pero era más que ese pueblo muerto que detestaba su presencia.
En la pensión donde se hospedó había un hombre mayor, de unos 30 que miraba lleno de lascivia a Lulú. A ella le gustaban esas miradas. Se excitaba. Perdía los papeles cada vez que esos ojos azules recorrían sus muslos. Por eso cuando él la agarró por la cintura a ella no le sorprendió. Cerró los ojos y se dejó llevar. Él era experto en el amor y ella, torpe e ingenua, quería descubrir todo lo que había bajo ese pantalón. La ropa se perdió en el camino mucho antes de que ella se diese cuenta. Los suspirosinterminables de ella eran música para el oído de él. Ella estaba extasiada y llena de pesadillas que contarle. No quería distraerle. Se aproximó a su oreja izquierda y le besó en la mejilla. Él, entre jadeos y gritos de ¡Ay, Dios mío!, le dijo que voz muy bajita:
- Lulú, eres la chica más guapa con la que he follado nunca.

La habitación, con cuatro ventanas al cielo, descubrió en mitad de la noche una sonrisa.

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