lunes, 3 de octubre de 2011

Neoformas de trípticos matemáticos

1.-
El paseo de Barral en Rivera es largo, es eterno. Cuando pasea por él, siente que sus manos tiemblan en los bolsillos cuando se encuentra con alguno de los seres extraños que en el paseo habitan. A veces, hace el trayecto corriendo, sólo para no hablar con ellos. Algunos le dan miedo, otros le retan a competiciones impracticables, y otros simplemente charlan con él un rato.
Federico (Sincabeza) es uno de esos que solo charlan.
-Hermoso día para no tener cabeza, ¿no cree? - le saluda mientras mueve las manos. En realidad, no se sabe cómo habla, pues la voz viene de un lugar inexistente por encima del cuello, por encima del bombín que reposa entre los hombros de un cuerpo vestido con un extraño traje rojo.
-Bueno, Federico, prefiero seguir teniendo cabeza, sinceramente No sabía muy bien a donde dirigir su mirada, así que lo hizo a ninguna parte en general, sin saber si realmente el tullido podía oírle.
-¿Está usted seguro? Es una pena, conozco un lugar aquí cerca en el que degüellan a un precio fabuloso. Y dejan un corte limpísimo. Si señor, calidad es lo que hace falta. Además, usted estaría mucho más atractivo. El otro día conocí a una sincabeza que se declaraba falta de amor y besos...
Mientras se pregunta cómo besa una persona que no tiene boca, Federico suelta una retaíla ya preparada sobre las ventajas de no tener cabeza, entre ellas, no pensar con la cabeza, si no actúar directamente.
-¿Oiga? - dice Don Federico.
-¿Eh?, Perdone, estaba en mi mente. ¿Qué decía?
-Preguntaba que a dónde se dirige, quizás pueda acompañarle un rato si se dirige al norte. Y con suerte, quizás nos encontremos con aquella sincabeza y pueda presentársela, le aseguro que se arrepentirá de tener cabeza.
-Sí, está bien, yo tengo que cruzar todo el paseo, y mejor con compañía que sólo.
-Oh, claro que sí. Una vez conocí a una mujer que se llamaba Soledad y estaba muy sola...