El primero de enero, tararí,
será tan gris como un jueves cualquiera,
sin Drácula escalando el Pirulí,
ni marcianos cruzando la frontera.
Más de lo mismo bajo el cielo añil,
Cronos en su fugaz trono vacío, la anoréxica luna giligil
no exportará vacunas contra el frío.
Llenaré otro galpón municipal
y esperaré el diluvio universal
viendo crecer el bosque por la acera.
El primero de enero (del dos mil
once), aunque siga muriéndome por ti,
me iré con la primera que me quiera.
J.Sabina.
Qué quieres que escriba, ¿que te echo de menos? Que me tumbo en la cama, miro al techo y recito poemas del primero que me viene a la cabeza -donde siempre estás tú-, mientras intento derribar el muro de cemento que he creado al rededor de tu figura. Que sí, que eres preciosa. Que de eso -al menos de eso- sí que estoy seguro.
Pero que no.
Que dos mil mañanas no superan a quinientas noches, y que aun estoy "en proceso de", como dicen los que entienden de amor, si es que acaso hay alguien que entienda lo más mínimo. Y mira que (de verdad) lo intento. Que soy un super héroe que busca poderes en papelitos doblados que guarda en la cartera, y los mira como un bobo.
Pero que no, que cuatro piedras no tiran un muro de cemento.
1 comentario:
no es de cemento, es de hormigón
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