Nos dijimos sin mirarnos (como todas las mentiras que nos echamos), que no nos habíamos dado cuenta de que era San Valentín cuando un fotógrafo nos dijo a medianoche que si queríamos un recuerdo de ese día. Paseamos por el Retiro, y por la noche, nos acostamos en la cama por todos los San Valentines que no vivimos juntos.
Cuando me desperté lleno de sudor en mitad de la noche, miré tu cuerpo cerré los ojos, y me volví a dormir, envuelto en una especie de sueño reparador que me sumía en la tranquilidad de tener a una persona cerca que pudiera protegerme.
Llegó la mañana. Follamos, desayunamos, comimos, follamos, paseamos, follamos. Follamos.
Y se acabó el mundo, rodeados de trompetas explosivas.
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