martes, 9 de abril de 2013

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Es gracioso, porque siempre pensé que era yo quién lo tenía todo bajo control. Siempre pensaba que era yo quién elegía cuando o follar, o donde dirigir las miradas perdidas, o cuando callar y mirar sonriendo al suelo. Es gracioso, porque pensaba que era yo quién decidía cuando llorar o hundirnos en la mierda, o salir volando hacia un espacio exterior. Es gracioso, porque soy yo, el que ahora se hunde solo, y es aun más gracioso, porque eres tú la que decidía follar, o mirar, o reir o hablar.
Es gracioso, porque el dolor me rodea. Es gracioso, porque los gatos ya no salen de madrugada, ni ronronean, ni fuman los de después. Es gracioso, porque las manchas en tus sábanas ya no serán reconocibles, ni las resacas más llevaderas con un café soluble tremendamente asqueroso.
Es gracioso saber que he perdido, cuando yo, tranquilamente, pensaba que ni siquiera estaba jugando.

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