Nunca antes había sentido esto. Pero tampoco pueo escuchar Pelican porque no son aptos para una pseudo depresión adolescente. Aunque ya no soy adolescente. Estoy tumbado en la cama, y recuerdo la anterior vez que el dolor era insoportable. Cuando conseguí una fotocopia en blanco y negro de la lista, recorté su foto, y la coloqué sobre una cajita con fondo esponjoso para piedras y minerales. La superficie de arriba tenía un cristal a modo de lupa que permitía contemplar la piedra muy de cerca, y observar los detalles. Creo recordar que era de RBA Editores. Es la única colección que he hecho en mi vida hasta terminarla. Sin embargo, este recuerdo caduco del pasado termina por difuminarse, aparte de que puedo observar la triste realidad del presente, y darme cuenta que ahora es mucho mejor de lo que podía ver antes. Pero no escribo ahora para hablar de los demás, sino de un sentimiento pasado.
Apoyado en la almohada por mi lado derecho, que hace tan solo 3 horas he abandonado con mi despertar, me dispongo a realizar círculos en el tejido del cubrecolchones con el dedo corazón, mientras canto de forma dulce pero rídicula el tema antológico You And Me de los Penny Quarters. Otra enorme gratitud que jamás podré compensar a Derek Cianfrance, por el simple hecho de que jamás lo veré por la calle, y tampoco lo reconocería. Tampoco hay nada que pueda compensar el inexplicable acto de crear arte.
De cualquier modo, aun soy demasiado joven. Todavía quedan muchos males que evitar, y aunque este sea traicionero, no es nada comparado con lo que vendrá después. Me levanto de la cama, por suerte no legañoso, y recuerdo que tengo Quiz Show de Robert Redford pausada a 55 minutos de finalizar. He bebido tanto Borsao selección 2012 que no sería capaz de engullir los subtítulos a tanta velocidad, ni de situarme en tan fino montaje. De esta manera, decido sentarme en la silla del escritorio, que huele a sudor, pelo y cartón de vino, y dado que no estás para escuchar lo que no sabría ni como empezar a decirte, no tengo mas remedio que cuestionarme cómo he llegado hasta aquí, si hace poquitos días tenía a don Jose Luis tirándome de las orejas por fallar la segunda cuenta del 3º ejercicio del libro del capitán Camarón. Entonces me digo que no, que jamás había sentido esto antes.
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