viernes, 4 de septiembre de 2009

Deslocalizados

Este es uno de esos momentos en los que sientes como una presion en el pecho que te impide respirar bien, como si tuvieras que respirar hondo para conseguir un poquito de oxigeno, y por eso, siento la necesidad de escribir, de vaciarme aqui, ya que para eso esta hecho este blog, para parar penas, desahogarse con uno mismo...

El hombre esta alli, sentado sobre un taburete y apoyado en la barra, como tantos hombres lo estuvieron antes que el. Lleva tres cervezas y ahora empezara con el ron. Hasta dentro de dos horas no se pondra su chaqueta, dejara un billete de 50 en el mostrador, ya tiene hecha la cuenta, y se irá sin decir adios, ni dar las gracias, intentando mantenerse en pie, intentando que la poca dignidad que le queda desaparezca. Andará por la calle con un paso inseguro, dirigiendose a lo que el cree que es su casa, pero tardará media hora más de lo normal porque se perdera en dos bocacalles. Cuando llegue a su casa, cerrará la puerta intentando no hacer ruido, pero sabe que sin querer, despertará a su mujer, aunque ella se hará la dormida cuando el se meta en la cama. Antes de irse a su cama, entra en otra habitación. Se quedará en el umbral de la puerta, simplemente mirando al interior de la habitacion, donde duermen sus hijos. Pasará por la cocina, donde beberá un ultimo vaso, esta vez de agua, se desvestirá y se acostará al lado de su mujer. Le dará un beso mientras probablemente una lagrima este fluyendo por su cara. Luego cierra los ojos y espera la venida del sol, que le indique otro dia mas sin trabajo.

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