-El hombre que va a morir no sabe que va a morir. Quizas sea lo unico bonito que tiene la muerte, que viene cuando no lo esperas, como un amigo de la infancia en una fiesta. El hombre que va a morir habla por el movil, ajeno a su alrededor, son preocuparse de registrar su ultimo olor, y sin darse cuenta de que sus últimas palabras en vida seran "que te jodan", antes de que el corazón le explote en un infarto.
-1945. Madrid. El niño está acostado en un banco. Tiene trece años y la vida por delante. Unas manos le despiertan. Es su hermano. Tiene quince y está enfermo. No entienden que le pasa. Tose sangre, sin parar. El pequeño cree que Dios les ha castigado por huir de la policía, y que por eso duermen en la calle, bajo cuatro cartones. En los dos ultimos dias el mayor ha empeorado. Apenas duerme, y siempre está muy caliente. Por las noches no deja de temblar, y apenas come. Para conseguir comida siempre hacen lo mismo, van de puerta en puerta preguntando si les pueden dar un duro para comprar un trozo de carne en el mercado, o si tienen algo de comida. La mayoría de las veces no pueden acabar la frase sin que les cierren la puerta en las narices. Hoy el mayor está especialmente mal. Apenas puede caminar, y finalmente se cae, desmayado. El pequeño no sabe que hacer, asi que intenta despertarlo, como no puede, se sienta junto a el a esperar ayuda. Dos monjas, del monasterio de Santa Lucia, deben ser, les ayudan y los llevan al monasterio. Alli les limpian y les dan nuevas ropas. El mayor parece haber despertado con la ducha, aunque las monjas que les han ayudado no han puesto muy buena cara. El pequeño no recordaba haber comido algo caliente y bien hecho ya. No recordaba la cara de sus papás desde que vinieron aquellos soldados con el papel que decia que podian llevarselos, y nosequé de un paredon. El pobre niño no entendía nada. "Corred", les dijo mamá, y no pararon, no pararon hasta el puente, alli, lloraron.
"La comida está buenisima", dice agradecido el pequeño, su hermano, blanco como la piedra, no dice nada, ni come nada. Se tambalea un instante, y de pronto, su cabeza cae a peso sobre la mesa. Se arma el revuelo, todas las monjas van de aquí para alla, y el niño no entiende nada. La ambulancia llega doce minutos despues, y se llevan al mayor en la camilla. El pequeño murmura algo, y se echa a llorar. "Quiero verle, Sor Juana" dice con voz trémula. "No te preocupes cariño, ahora te llevamos" dice la monja con deje de tristeza en la voz. El mayor nunca llegó al hospital con vida. Fue enterrado en la parte de atrás el monasterio. El pequeño fue criado entre monjas y acabó alistado en el ejército del glorioso caudillo 6 años después.
No hubo una noche en la que no intentara entender lo ocurrido, pero las manchas de la memoria no pueden ser recuperadas cuando ni siquiera uno mismo puede entenderlas.
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