-Cariño... quiero dejarlo.
Carlos no separa la mirada del parabrisas, aunque sus manos sufren un pequeño temblor que rápidamente desaparece. No dice nada, solo conduce.
Reyes no sabe si él le ha oído. Por si acaso, lo repite, con el mismo resultado.
-¿No vas a preguntarme por qué?
Carlos gira la mirada, los ojos, llorosos, contesta:
-No lo necesito, no creo que sea necesario saber porque ya no me quieres, simplemente, es así.
-Carlos, cariño...
Blanco.
Cuando Reyes despierta en el hospital, dos semanas después del accidente, todo es borroso.
Intuye un movimiento a su derecha, y llama:
-¿Carlos?
Poco a poco, las figuras dejan de estar borrosas y Reyes ve a su padre donde esperaba a Carlos.
-¿Donde está Carlos?-pregunta, sintiendo, de pronto, que es la única persona que quiere ver.
-Reyes, hija...
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