Cada cual que siga su camino, cada cual que eliga su cancion, tu destino dices ya está escrito, el mio aun tengo que escribirlo yo.
Total, que alli, en la puta encrucijada, rodeado de chilenos que me abrazan tras un golpe de suerte en la presidencia y mi querida Ariadna subida en una farola buscandome con la mirada, perdida entre el gentío, y yo gritando, gritando su nombre como nunca lo he gritado, ni siquiera cuando la tenia bajo las sabanas.
Y los gritos se vuelven llanto, y todo se vuelve borroso ante mi. Y me rodea la oscuridad. Y caigo al suelo. Es el final. No mi final. Es nuestro final.
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