jueves, 30 de septiembre de 2010

Dos de soledades marchando.

Ya no soy el mismo. Definitivamente, no lo soy. Algo ha cambiado mi concepcion de la vida, y nada es lo mismo. No soy el chaval que al principio de verano solo queria follar en Salou. Ya no soy esa persona que solo leia libros policiacos, vacios de todo sentimiento de una obra de arte. Ya no leo la ultima pagina de los libros para destriparme el final. Ya no me rio de los demas, si no que me rio de mi mismo, del destino, de lo hijo de puta que es. Ahora estudio, tengo apuntes, y pienso constantemente en esa chica menuda que hace temblar todo mi cuerpo. Con esos ojitos relucientes en la noche. Y su carita de angel. Ahora, voy buscando esos versos que no le di, bailo solo este vals que siempre se oye a nuestro alrededor cuando estoy con ella. Giro, y giro en la noche, hasta que amanece de nuevo, y yo, alli, vacio, vestido con mi mejor traje, en mi salon, me derrumbo, y lloro, arrodillado ante su foto. Solo quedan sombras en la niebla.





Hubo una temporada en la que, justo encima de mi humilde piso, vivian tres jovenes prostitutas que aprovechaban el dinero que mandaban sus padres para sus inexistentes estudios. Yo, siempre que podia, cogia ese ascensor que me aupaba al septimo piso, o cielo, y les llamaba a la puerta, a que me dieran sal. En el portal, en la espera del ascensor, empece a iniciar conversaciones con una de ellas. Era una preciosa morena delgada, bajita, a la que le conte que escribia mis cosas, textos de soledad, los llamaba por entonces. Me invito a su casa, y, aunque le dije que no tenia dinero, me dijo que no queria follarme, solo queria hablar. Estuvimos hablando sobre su cama, donde tantos fluidos habrian recorrido esas sabanas, unas dos horas, y nos despedimos porque tenia trabajo. Me comprometi a enseñarle algunos escritos, y esa noche escribi lo mas bonito que nunca escribire. A la mañana siguiente, volvimos a vernos. Surgieron asi cientos de conversaciones que nunca terminaban. Nunca pase de su cama. Nunca me hablo de sus clientes, pero pronto hablamos de lo que se parecian nuestras profesiones. "Los poetas sois como putas, os dejais follar por sentimientos". Reimos los dos, abrazados a nuestras respectivas botellas de whisky que guardaba bajo mi colchon. "Las prostitucion es un oficio de mas provecho que el de escritor-nunca me llame a mi mismo poeta-, al menos teneis siempre un plato del que comer". "Ya sabes que siempre que quieras puedes comer de entre mis piernas" Puta. Nunca quise. Un dia desaparecieron, las tres. Llame a la puerta y nadie me abrio. A veces pienso en donde estara, o si tal vez sus padres se enteraron. Ahora, encima de mi piso viven una pareja. Una señora que me mira mal cuando me ve, y un hombre que trabaja en un banco. Cuando veo qe el hombre se va, paso bajo su puerta pequeños escritos, a ver si, con suerte, la mujer se aficiona a ellos y se mete a puta.

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