domingo, 26 de diciembre de 2010

Un corazón tendido al sol

Una Ariadna hecha especialmente para él cerraba los ojitos mientras él le contaba cosas que no sabía muy bien de qué parte de su cabeza venían. Ya la echaba de menos incluso antes de irse, mirando sus labios cerrados sobre su pecho. Comentaban el viaje que algún día harían mientras deseaba morder su cuello y tenerla sin más. Seguía temiendo cada instante de inseguridad que lo alejaba de ella y podía suponer el último instante junto a ella. Aunque es un pobre diablo siempre dice la verdad. Deja sangre en el papel. Todo lo que escribe, al día siguiente rompería, sino fuera porque cree en Ariadna. En que sigue por ahí. Con la cabeza apoyada en algun pecho que late como un tren por ella.
Un lunes, a las 00:15, piensa en ella. Se deshace en un sol que saldra en 5 horas. Añora su mirada, su camiseta verde. Su pañuelo morado, su sonrisa imperfecta, siempre tan perfecta. Su pelo que huele tan bien. Sus ojos profundos en los que no podrá hundirse hasta dentro de tres eternos días. Escribiendo un sinsentido con una pluma de origen maravilloso. Un adios. Un cuestionable "¿volveré?" Quizás un adios definitivo.

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