miércoles, 23 de febrero de 2011

Un viaje a quién sabe donde.

Por fin arranca el tren. En el vagón solo hay tres personas. Solitarias, deshechas. Tristes.



Verónica, esa rubia algo gordita, está dejando la maleta en el portaequipajes. Pero lleva la maleta tan a rebosar que no puede meterla bien, y una y otra vez sale de su sitio.

Alfredo tiene 46 años y se siente el rey del mundo. Es un ejecutivo que ha dormido 3 horas y tiene jet lag. Tiene ganas de llegar a su casa y follar con su mujer, quedarse dormido y despertar para leer en los periódicos su nombre.

Tomás es un desgraciado. Y le gusta ser así. Es escritor de novelas que critican a estas querosa sociedad en la que vive. Se ha separado 3 veces y ahora disfruta del sexo promiscuo.



Verónica continúa con su maleta. Alberto la mira con desprecio por no dejarle tomar su café en paz. tomás la mira con curiosidad por encima de su propia novela y se levanta a ayudarla tras un segundo de indecisión.

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