
-Sabes, lo sé. Deja de engañarme, de añadir adjetivos bonitos cuando me mires.Sabemos que hasta aquí, y ya hemos estirado la goma más de lo debido. Y ha estallado. Vengo aquí buscando dignidad, así que dilo ahora y deja que me retire a mi autocompasión. ¿No contestas? Bien, ya sospechaba esa cobardía en tí. Nunca fuiste lo suficiente valiente para decirme que te follabas a Marla.
-Cris, eso no es así, yo...
-Cállate y déjame hablar a mi antes de que me eche a llorar. Eres un gilipollas. Te quiero. Pero eres un jodido gilipollas. Me queda el consuelo de que en unos meses podré rehacer mi vida de nuevo, aunque una constante voz en mi cabeza insista una y otra vez en que tú, jodido gilipollas, sigues follando sin remordimientos, sin ver mi cara en cualquier pupila. Y te echaré de menos. Y lloraré. Te odiaré. Ya puedes hablar.
-Lo siento, Cris.
-Que te jodan.
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